La influencer española Ada Lluch fue expulsada de un importante programa matutino de televisión por afirmar hechos incómodos sobre la inmigración masiva: "El 90% de los robos en Barcelona son cometidos por extranjeros".
Cuando los hechos entran en escena, el debate termina y silencian a quien los transmite. No contentos con expulsarla, el panel la humilló, sugiriendo que necesita un médico porque está "enferma" por atreverse a pensar diferente.
Así es como los medios de comunicación de izquierda convencionales tratan la disidencia: la etiquetan, la ridiculizan y la eliminan. Ni debate, ni pruebas; solo censura disfrazada de preocupación.
Cuando no puedes ganar con argumentos, ganas por exclusión.