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Coño, ahora entiendo mejor lo de Zapatero.
Resulta que hoy declara Granados en el juicio de la Púnica; una velocidad judicial de vértigo: apenas trece años después de la imputación y veintiuno desde que ocurrieron los hechos.
Normal que el hombre sufra de amnesia selectiva.
Y eso que en su día le cazaron 922.000 euros en efectivo ocultos en el armario de su suegro, un dinero que, según su versión, se lo dejaron los de IKEA.
Es de coña, que en el proceso se enfoquen ahora en el amaño de contratos para verbenas y fiestas patronales.
Menudencias.
Aquí lo que se estilaba era desviar cientos de millones de euros del Canal de Isabel II hacia paraísos fiscales para comprar empresas en Colombia y Brasil que no valían nada.
Por supuesto, el juez García-Castellón ya se encargó en su momento de blindar el asunto para que el Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y el PP quedaran convenientemente fuera del foco de la responsabilidad penal.
Eso por no hablar de las entrañables cuentas en Suiza.
Visto lo visto, lo de Ábalos, Cerdán y Zapatero son aficionados por la mierda de importes al lado de esta gente; aquí jugábamos en la liga de los cientos de millones de euros llevados crudos, sin disimulo.
Pero lo que de verdad encabrona es que Granados, entrando al juzgado con la chulería intacta que lo caracteriza, se haya permitido soltar ante los micros que «hoy es el día de Zapatero».
Es sencillamente acojonante.
El hedor y los idiotas que hay en este país es insoportable.
Por cierto, ¿alguien sabe como va el juicio de la Kitchen?