El planeta no necesita a más personas exitosas. Necesita personas que desesperadamente amen, salvadores, protectores, pacificadores, revolucionarios, personas con una moral llena de coraje que hagan de este mundo más habitable. Estos últimos es a lo que todos deberíamos de ser.
Qué es el amor si no es la sincera gratitud de coincidir, en un mundo tan desconectado y hostil, un calor que inunda el alma y una reafirmación de la existencia misma
El momento de volver a juntar mis labios al rededor de un cigarrillo, mientras soy plenamente consciente de que el daño me lo estoy haciendo yo, por decisión propia, se siente igual que el abrir mi corazón y permitirme amar aún con miedo.
Y aprendí a huir, tanto que olvidé cómo quedarme, tanto que huyo de mi misma más que de cualquier otro ser. Y qué me queda entonces más que un sentimiento de soledad incesante
Una reafirmación de ese sentimiento de que tal vez no soy lo suficientemente valiente de dejarme ver en la desnudez de mi alma, que me gusta correr atrás de cualquier cosa que confirme el vacío que hay dentro de mí
A veces confundo también el sentirme amada, con el merecerlo, tal vez por eso me asustan las personas que se quieren quedar y me aferro a las personas que me quieren dejar
Vivo tan absorta en las expectativas ajenas, que la despersonalización pega fuerte en momentos de soledad, y entonces irremediablemente me doy cuenta de que soy eso, una proyección conjunta de las personas que me aman