Ayer tres policías se quitaron la vida. Tres policías en el mismo día. Un día trágico, un día negro, un día que debería sacudir conciencias. DEP. Un abrazo a sus familias y amigos, que cargan ahora con un dolor imposible de medir.
Algún día habrá que abrir el melón de la ausencia de un plan real de prevención, de la negligencia sistemática y de la falta de voluntad de la Dirección General de la Policía para afrontar la sangría de suicidios en sus filas.
Tenemos policías que cada mañana se ponen el uniforme y caminan por las comisarías reventados por dentro. Ansiedad, insomnio, problemas familiares, económicos, la presión absurda de jefes que solo saben pedir cifras… Una bomba de relojería a la vista de todos. Pero pasan desapercibidos porque nadie pregunta, nadie escucha, nadie mira. Aquí no hay un protocolo de seguimiento continuo. Aquí lo único que existe es el silencio. Y cuando llega la tragedia, todos se llevan las manos a la cabeza como si fuera algo imposible de prever.
El sistema solo se mueve cuando el compañero da el paso y reconoce que no está bien. Pero muchas veces no se da ese paso. ¿Por qué? Porque le están pidiendo a una persona que está hundida que saque fuerzas de donde no hay para dar ese primer paso, y además implica convertirse en la comidilla de los despachos: “mira este, que está pirado de la cabeza”. El estigma mata. La cobardía organizativa mata. Y así seguimos.
Porque la Policía Nacional no tiene un protocolo real de prevención del suicidio. Lo que tiene es un protocolo de prevención de responsabilidades. A la Dirección General de la Policía no le importa detectar a tiempo los indicios de un compañero en riesgo. Lo que le importa es cubrirse las espaldas.
Un ejemplo está en lo que pasa cuando alguien vuelve de una baja psicológica. Los psicólogos y expertos que ya trabajan dentro de la casa no sirven. No. La DGP exige un informe externo, de un psiquiatra ajeno, que avale la devolución del arma reglamentaria. ¿Por qué? Porque si ese compañero, más adelante, decide usar esa arma para quitarse la vida, la Dirección General pueda lavarse las manos y decir: “el informe no era nuestro, nosotros no tenemos culpa”.
Ese es el nivel. No estamos hablando de cuidar a las personas que sostienen el peso de la seguridad del país. Estamos hablando de una burocracia que solo piensa en que la muerte de un policía no manche el expediente de un despacho.
El resultado es demoledor: los mismos que deberían estar atentos a las señales de alarma, los mismos que deberían tener protocolos eficaces y recursos internos funcionando, se han convertido en simples tramitadores de papeles. Y mientras tanto, seguimos contando ataúdes.
💬 Lo que NO debes preguntar a un familiar en duelo por suicidio
Cuando una familia atraviesa el dolor de perder a un ser querido, algunas preguntas o frases, aunque bien intencionadas, pueden hacer más daño que bien
#DueloPorSuicidio#ApoyoFamiliar#EscucharEsAyudar