se agarra a su camisa y le mira con más fiereza. No se va a achantar ella, le da igual quien tenga delante y lo que pueda producirle. Ella también sabe jugar.
Es extraño, demasiado, y desde luego no le extrañaría que tuviera razón, que le delatara su mirada. Sus manos terminan sobre el pecho ajeno, pero solo porque no sabe dónde ponerlas.
—¿Eso es lo que le dices a todas cuando te acercas? Cambia un poco el repertorio.
Y entonces »
Su derecha elevó, apoyo suavemente está en su mentón, la obliga a mantenerlo alzada, a mirarle a los ojos, a mantenerse cerca mientras su izquierda termina en su cintura. —— ¿Yo? Bastante, pero tus ojos no me dicen lo mismo.
Enarca las cejas, ¿pero apartarse? Ni un poquito. Puede intentar intimidarla, pero se niega a caer en su juego tan fácilmente. Incluso alza un poco la barbilla.
—Yo sí, ¿y tú?
Se inclina hacia adelante, su sonrisa se vuelve ladeada, sus ojos brillan mientras se pone a su altura, aprovechando la diferencia entre los dos. —— ¿Segura?