Se les dijo que México ganaba, a mamarla los que no confiaron
Voy a regalar todo lo que gane ALV, hasta que se acabe
Se van refiles de $1,000 a todos los que le den RT a este post, A TODOS SIN EXCEPCIÓN
Única regla deben estarme siguiendo
Hoy, desayunando en el hotel en Guadalajara, escuché algo que me hizo cambiar la forma en la que veo muchas cosas.
Un mesero le dijo a una coreana que México había ganado por suerte, por un error del portero de Corea. Ella le respondió:
“No fue suerte. El portero de Corea se equivocó y el de México no”.
Y mientras más lo pienso, más sentido tiene.
Muchas veces llamamos suerte a los errores ajenos y mala suerte a los propios. Pero la realidad es que tomar buenas decisiones, mantener la concentración y no equivocarse cuando importa también es una habilidad.
Al final, la diferencia entre ganar y perder muchas veces no está en la suerte, sino en quién comete menos errores.
Perdió Ilia Topuria. Después de 18 peleas, conoció la derrota por primera vez a los 29 años.
Llegó como campeón en dos divisiones y venía de vencer a tres nombres históricos. Esta vez perdió porque prácticamente ya no podía ver. Su visión era mínima y, en un deporte donde una fracción de segundo puede cambiarlo todo, eso terminó marcando la diferencia.
Topuria tiene una confianza poco común, una mentalidad ganadora y una disciplina que salta a la vista. Pero el deporte también tiene una lección que a veces cuesta aceptar: no siempre gana el que más trabaja, el que más cree en sí mismo o el que mejor se prepara.
Hay noches en las que el rival simplemente es mejor. No porque tú hayas hecho algo mal, sino porque así se acomoda el deporte.
Seguramente pedirá la revancha. Y si logra ganar, su legado crecerá todavía más. Porque levantarte después de una derrota y volver a la cima suele tener más mérito que seguir ganando cuando todo sale como esperabas.
Perder no siempre significa que te faltó disciplina, preparación o carácter. A veces simplemente te enfrentaste a alguien mejor esa noche. Y aceptar eso también forma parte de competir.
Hay personas que observan cada uno de tus movimientos esperando verte fallar. Por eso no les regales excusas ni explicaciones. Sigue construyendo, creciendo y brillando en silencio. Que tu evolución sea tan evidente que convierta sus críticas en admiración y sus palabras en silencio.