— Es normal extrañar personas.
Utilizó su otra mano para darle un toque en la cabeza, sin mostrar mayor cambio en su semblante.
— No importa si están lejos o cerca, es normal, no tiene nada de malo, no necesitas preocuparte.
No podía dejar de pensar en su madre. Por más que bloqueaba los recuerdos día a día, la imagen de su rostro molesto y lleno de arrugas por la vejez asaltaba su mente sin descanso.
— Yo solo... —empezó a punto de confesarse— Extraño a alguien... Siento tener que preocuparte.
— Está bien.
Le dio un pequeño apretón a su mano, señalando para que caminen. Quizá ella no lo notaba, pero ya se había empezado a preocupar.
— Mañana te compraré otro helado.
Cabeceó un poco antes de asentir.
— Por favor... —dijo, sintiéndose mal.
Se había acostumbrado tanto a ayudarle y protegerle durante su ceguera qué, el que ahora se intercambiaran dichos roles le hacía sentir extraña.
Suspiró y apartó la vista de nueva cuenta, no era necesario que montara una máscara para mentirle, nadie puede ocultar sus emociones de él.
— ¿Quieres que vaya a dejarte a tu casa?
No quería mencionarlo, con solo ver su reacción ya sentía que era algo importante.
Vamola negó y se limpió con rapidez las lágrimas que habían amenazado con salir.
— Estoy bien —sonrió, aunque era una sonrisa falsa. — El helado... Ya no está bueno, eso es todo.
Mintió.
— ¿Semanas?
Preguntó sorprendido, no esperaba que fuera tanto tiempo. Su semblante no tardó en lucir más preocupado, serio.
— ¿Pasa algo? Vamola.
Volvió a preguntar, inclinándose para poder verla a los ojos (o intentarlo.)
— O unas semanas —dió otra lamida a su helado. De verdad estaba muy bueno. — Cómo sea... Irá a Sumer y Vamola le presentará a... —de repente se calló, mirando hacia su regazo.
Estuvo a punto de decir «mamá» y aquello le entristeció.
— ... A nadie.
— Ah... No creo que esa sea la mejor de las ideas.
Le miró un segundo, tratando de descifrar si lo que decía era en serio, aunque no tardó en darse cuenta, le resultaba muy fácil leerla.
— Bueno, de todas formas, podría simplemente decirle que estaré fuera unos días.
— Entonces... Secuestraré a Unji sin decirle —
Su entendimiento por "secuestrar" distaba mucho a su significado real. Aún habían muchas palabras que confundía, así que ingenuamente las utilizaba sin saber con certeza de lo que en realidad significaban.
— Suena bien, aunque tampoco sé si querrá descansar de su trabajo, siempre es muy duro en cuanto a eso.
Se rascó la barbilla, su padrastro era muy apegado a sus horarios y deberes, estaba seguro que no lo acompañaría.
— No sé si a mi padre le molestará que me vaya tan lejos... Pero me gustaría acompañarte.
Apartó la vista, no suele ver sonreír a la gente, mucho menos sonrisas tan radiantes como la que ella siempre parecía tener.
— ¿Y eso? ¿Por qué no?
Preguntó alzando una ceja, aunque su atención pronto acabó en las manchas de sus mejillas. Apuntó con el índice a las propias antes de hablar.
— Ah, tienes helado.
— ¿No? —habló dejando su helado un momento. Tenía pequeños estragos de crema en las mejillas, dándole un aspecto desordenado. — Momo me mostró lo que era el helado... ¡Antes jamás había probado uno!
Al ver su reacción a algo tan simple como un helado, no pudo evitar soltar una risilla mientras lamía el suyo, había escogido de chocolate.
— Hm, hace tiempo no comía helado, está bueno.
Levantó el pulgar.
¡Amaba los helados! Aunque bueno, gran parte de la comida terrana era de su gusto.
— ¿Quieres un helado? —aunque ella no llevaba efectivo encima, ups.