Esa no es mi iglesia, esos no son los ideales que profeso. Desde ya les pido disculpas a todos los muchachos que vieron un ejemplo en mí durante mis tiempos de liderazgo juvenil. Profeso el amor y el respeto. No el odio ni mucho menos juzgar a los que piensan distinto a uno.
Admiro a la gente que se despertó, se arregló con atuendos patrióticos para subir una foto conmemorativa o salir a pasear. Yo de milagro logro pararme de la cama.