Dijo una vez Rick Harrison: “Perder a un hijo no se compara con nada. Lo intenté todo, lo llevé a rehabilitación, lo entregué a la policía, recé. Y cada vez que creía que salía adelante, volvía a caer. Me culpo, claro que sí. Me pregunto cada día si pude hacer algo más. Pero si su ausencia me dejó algo, es esto: no des por sentado a quienes amas. Llámalos. Abrázalos. Porque un día… puede ser demasiado tarde.”