Mi imperio romano soy yo, luchando en silencio para no rendirme, recordándome cada día que puedo con esto, que he superado cosas antes y que, aunque ahora no lo parezca, todo va a estar bien.
«Hoy te veías triste», me dijeron. Y quise decirle que no era hoy, que lo cierto es que llevo mucho tiempo triste; hoy simplemente se me acabaron las fuerzas para seguir fingiendo que estoy bien.