Venga,no estamos hablando lo suficiente de lo q dijo Restrepo en la entrevista en Caracol Radio, que se debe eliminar el Invima y otras entidades pq "le generan complicación al sector empresarial".
Si con toda la regulación venden medicamentos alterados,calculen cuando la quiten
El momento cumbre del debate en Blu R ocurrió cuando el científico desarmó los argumentos a favor del fracking de Sebastián Nohra con una analogía impecable:
«Es como decir que fumar da cáncer en Europa y Estados Unidos, entonces probemos en Colombia a ver si acá no da cáncer».
El problema de el centralismo de estás redes es que la gente no comprende lo que pasa en las regiones. El peligro latente del fracking no está tanto en los páramos (de momento). Lo que quieren es reactivar el fracking en el Magdalena medio, donde precisamente se han resistido a los pilotos de fracking y dónde han intentado hacer fracking a lo que marca. Pues precisamente por liderar la resistencia al fracking en Puerto Wilches, fue que hace apenas un par de meses le dieron el premio Goldman de medio ambiente 2026 a Yuvelis Morales Rangel, joven activista y lideresa, que ha liderado, junto a varias organizaciones la resistencia al fracking en Puerto Wilches y el Magdalena Medio. Gracias a esa la lucha es que en Colombia se conocen los riesgos y es gracias a ellas y ellos que los pilotos de Fracking están estancados en el gobierno actual; porque con Duque iban con toda. El riesgo ahora es que en un eventual gobierno de extrema derecha harán lo que sea por reactivarlos.
Nuestros ojos deben estar puestos en la defensa de todo el sistema hídrico y geológico del Magdalena Medio. Todo ese complejo de ríos y humedales que deben ser protegidos por la nación. El fracking pondría en un elevadisimo riesgo de contaminación por hidrocarburos y químicos usados en el fracking el río Magdalena y las ciénagas. Es que el agua que vemos no es ni la mitad del agua disponible. Absolutamente todos los ríos, lagos, quebradas y todos los cuerpos de agua de una región están conectados de manera subterranea. En las escuelas los niños deberían aprender más de la importancia de los acuíferos para la comprensión del ciclo hídrico. La técnica de fractura de esos acuíferos es riesgosísima por la cantidad de agua utilizada y por los desechos y el agua residual mezclada con químicos muy dañinos. Súmele el aumento de la actividad sísmica. Pero además el Fracking es una técnica muy cara que puede dejar más deudas a la nación que ganancias. La utilidad se la llevan privados nacionales en alianza con multinacionales. Podría ser el mismísimo Trump un beneficiario del fracking en Colombia, mientras la nación va a la quiebra; más en un posible gobierno con tendencia a la privatización. El tema es que el fracking es una técnica de alto riesgo económico porque es mucho más costosa que la extracción convencional y exige estar perforando en búsqueda de yacimientos, que pueden resultar teniendo menos hidrocarburos de lo esperado.
El caso es que no se dejen engañar: les dicen que no van a tocar los páramos mientras están detrás es de reactivar los pilotos y el fracking en el Magdalena Medio. Y como no les puedo dar todo masticado, busquen en Google el caso de Vaca Muerta en Argentina: contaminación, sismos problemas económicos. Busquen entrevistas y lean a Yuvelis Morales y a @tatianaroaa, que expertas es lo que tenemos en esto. Cuidado, no se dejen engañar. De eso tan bueno no dan tanto.
Reflexión de festivo:
Como Superintendente, quiero compartirles un pequeño experimento que realicé ayer y algunas preguntas que me dejó sobre el funcionamiento de las plataformas digitales, la concentración de poder y las reformas necesarias para construir un modelo normativo robusto que proteja a los ciudadanos frente a los abusos de las grandes corporaciones tecnológicas.
Durante los últimos meses he observado un comportamiento relativamente estable en el alcance de mis publicaciones en redes sociales. En Facebook e Instagram, por ejemplo, mis contenidos suelen mantener niveles de interacción consistentes sin necesidad de recurrir a mecanismos pagos de difusión.
Sin embargo, ayer publiqué en X un video que considero contiene información clara y de interés público. Su alcance fue significativamente menor al habitual, por lo que decidí, por primera vez, utilizar la herramienta de promoción ofrecida por la plataforma para comprender mejor su funcionamiento. Aunque el valor correspondiente fue debitado, no observé cambios evidentes en las métricas ni la activación efectiva de la modalidad anunciada.
Más allá de la experiencia particular, el ejercicio me dejó varias inquietudes.
¿Estamos avanzando hacia un modelo en el que los ciudadanos deban pagar para que sus opiniones, análisis o contenidos sean vistos? ¿Corremos el riesgo de que las voces con mayor visibilidad sean aquellas con mayor capacidad económica y no necesariamente las que aportan información de mayor calidad o relevancia para el debate público?
También surge una pregunta sobre la protección de los usuarios. ¿Qué herramientas tienen los ciudadanos cuando una plataforma no cuenta con presencia o domicilio en Colombia y, en consecuencia, los canales de atención o reclamación resultan insuficientes o poco efectivos?
Europa ha avanzado en la construcción de marcos regulatorios más exigentes para las grandes plataformas digitales. Quizás valga la pena preguntarnos si, como países latinoamericanos, debemos promover reglas que garanticen mayores niveles de transparencia, atención al usuario y mecanismos efectivos de protección para quienes utilizan estos servicios.
Hemos intentado impulsar algunas de estas medidas a través de un proyecto de ley de protección de datos que, lamentablemente, ha quedado relegado por cálculos políticos de corto plazo y por la incapacidad de comprender la magnitud de los desafíos que plantea la economía digital.
Al final, la discusión trasciende las métricas, los algoritmos o las redes sociales. Se trata de una pregunta mucho más profunda sobre la distribución del poder en nuestras sociedades y si estamos construyendo una ciudadanía digital o simplemente aceptando una nueva forma de tecnofeudalismo, de dominación menos visible que las del pasado, pero no por ello menos influyente y dañina sobre nuestra libertad de pensamiento y expresión y nuestro derecho a la información que quedan absolutamente condicionadas al poder del dinero, que se traduce en que a punta de plata y uso de herramientas como la IA nos pueden distorsionar por completo la realidad, pasando del imperio de la ley y la constitución, al imperio de la posverdad y el espectáculo, algo que en Colombia y el mundo se convierte en una amenaza para la democracia y la misma humanidad.