Ayer ha sido algo espectacular. Estoy muy emocionada y muy feliz de haber tenido la suerte de compartir, no solo esta noche, sino también 30 años juntas por el mundo, con muchos ideales, valores e ideas en común.
@shakira, te admiro muchísimo por tu manera de ser, por no haberte rendido nunca y por transmitir siempre un mensaje de fuerza y esperanza a todos.
Eres una gran artista. Te adoro muchísimo. Gracias por esta noche. 🤍
El gol de Nmecha es para verlo una y otra vez.
Lo que no me deja de sorprender es el talento que tiene siendo un mediocampista central.
Kovac debe encontrar la manera para que Veerman y él sean dupla del mediocampo.
El pontificado de Juan Pablo I duró 33 días.
🗓️ Elección: 26 de agosto de 1978
✝️ Fallecimiento: 28 de septiembre de 1978
Fue uno de los pontificados más breves de la historia De la Iglesia.
🥹🙏✝️ David Bisbal conmueve con su majestuosa interpretación de 'Magnificat' en honor a a la Virgen del Mar en la Feria de Almería: "Se me pone la piel de gallina al escucharle"
Cantó el 'Magnificat', la oración de alabanza a Dios pronunciada por la propia Virgen María. Con ella, el artista español quiso dar gracias a la Virgen del Mar por todo lo que le ha regalado en su vida
📲 Vídeo cedido por @mguzmandelaroza en TikTok
151 años del martirio de Gabriel García Moreno, Padre de la Patria ecuatoriana
Hoy, 6 de agosto, se cumplen 151 años del asesinato de Gabriel García Moreno, el hombre providencial que salvó al Ecuador de la anarquía y la disolución.
García Moreno fue un estadista de visión excepcional. Consagró solemnemente el Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Elegido tres veces presidente, impulsó el sufragio universal, tendió casi mil kilómetros de carreteras, inauguró el ferrocarril, reorganizó las finanzas públicas, creó el sistema de cajas de ahorro y sentó las bases del auge cacaotero. Reestructuró el Ejército mediante academias, firmó el Concordato con la Santa Sede para la reforma moral del clero, y promovió una profunda regeneración urbana en Quito.
Convencido de que la misión primordial de todo gobierno es ofrecer una educación de excelencia, tanto científica como moral, construyó más de 300 escuelas, trajo a los mejores profesores europeos y fundó el Observatorio Astronómico. Para él, la civilización cristiana era el fundamento indispensable del orden y la prosperidad. Por eso combatió sin descanso a las sectas revolucionarias y a las conspiraciones extranjeras que buscaban desestabilizar la República.
En 1859 cuando el país estuvo a punto de desaparecer y ser fraccionado intervino militarmente con un inigualable liderazgo político para salvar el país durante la Batalla de Guayaquil donde tuvo el triunfo militar.
Su gobierno inauguró un ciclo de quince años de paz, estabilidad y progreso. Al momento de su reelección, el Ecuador gozaba de finanzas saneadas, corrupción prácticamente erradicada, una población estudiantil multiplicada y una economía en franco ascenso. Ciencia y fe cristiana caminaban juntas, produciendo los frutos más nobles.
El día del martirio
Aquel 6 de agosto de 1875, García Moreno asistió a misa al amanecer, como cada día. Pasó luego por su casa para ultimar el mensaje que leería ante el Congreso recién instalado, y visitó a su suegra, donde permaneció en tertulia familiar. Era público que la Secta había decretado su muerte meses atrás, y sin embargo caminaba sin escolta, confiado -decía- en la guardia de Dios antes que en la de los hombres.
Antes de dirigirse al Palacio de Carondelet, entró en la Catedral para adorar al Santísimo Sacramento, expuesto por ser primer viernes de mes. Al salir y encaminarse al Palacio, Faustino Rayo lo saludó cínicamente al cruzarse con él, y un instante después le asestó un machetazo por la espalda.
García Moreno intentó defenderse, pero fue rodeado por los demás sicarios: dos de ellos sujetaron a su edecán, mientras un hombre vestido de negro, cuya identidad nunca se estableció, le impedía el paso hacia la puerta del Palacio. Un joven zapatero logró reducir momentáneamente a Rayo, pero sus cómplices lo liberaron de inmediato. El asesino descargó entonces el golpe decisivo.
Recibió catorce heridas de machete y seis balazos. Mientras caía, sus verdugos gritaban “¡tirano!” y “¡jesuita con casaca!”; él los increpó llamándolos asesinos y canallas.
Los soldados apostados a pocos metros no intervinieron.
Los agresores huyeron; solo Rayo fue abatido al intentar escapar. Piadosos brazos levantaron el cuerpo ensangrentado y lo llevaron a la Catedral, junto al altar de Nuestra Señora de los Dolores. Allí agonizó más de una hora. Recibió la Extremaunción y, con un gesto silencioso, perdonó a quienes lo habían herido de muerte. Murió a la 1:30 de la tarde.
En su bolsillo se encontró, manchado de sangre, el borrador de su último mensaje al Congreso:
«La República ha gozado de paz interior y exterior; y si no han faltado quienes conspiren por alterarla, el Gobierno no ha tenido que tomar para defenderla sino algunas medidas de prudencia… Si he cometido faltas, os pido perdón mil y mil veces… Si al contrario creéis que en algo he acertado, atribuidlo primero a Dios y a la Inmaculada Dispensadora de los tesoros inagotables de su misericordia, y después a vosotros, al pueblo, al ejército y a todos los que me han secundado con inteligencia y lealtad.»
¿Qué habría sido del Ecuador?
Esa es la pregunta que aún hoy nos duele. El país estaba a las puertas de una nueva etapa de grandeza: vanguardia científica, prosperidad económica sostenida y un orden moral firme. El magnicidio truncó ese proyecto.
Pero su sangre no fue derramada en vano. Hoy, más que nunca, el Ecuador necesita recuperar el espíritu garciano: esa combinación de fe cristiana inquebrantable, rigor moral, amor por la ciencia y entrega total a la Patria.
¡Gabriel García Moreno, ruega por nosotros desde la Eternidad!
¡Dios no muere!
¡Firmes por el Ecuador! 🇪🇨
"Que sea sacerdote, pero que no lo pongan a confesar, porque no tiene ciencia para ese oficio", dijeron cuando lo ordenaron.
Pues bien: ese fue su trabajo durante toda la vida; y en modo eximio. Este es el Cura de Ars.
San Juan María Vianney nació en 1786, tres años antes de la sangrienta revolución francesa, esa que se llevó más de 200.000 almas y miles de mártires que aún hoy se rezan en el Martirologio romano.
Luego de pasar su vida como campesino y de desertar del ejército napoleónico, San Juan María Vianney fue ordenado sacerdote a la tardía edad de los 29 años (tarde para la época). Sus dificultades para los estudios (aunque no tantas al juzgar por sus sermones) hicieron que se demorara, especialmente a raíz de la lengua latina.
Su infancia no había sido fácil: de familia humilde pero de férrea tradición católica, había recibido la primera comunión de manos de un cura «refractario», es decir, de aquellos que no habían querido jurar por la Constitución civil del clero decretada por la República.
Dudaban si ordenarlo o no; pero era tanta la falta de sacerdotes por la cantidad de curas mártires que había matado la Revolución Francesa que, viendo su piedad, fue ordenado en 1815 y destinado a un pueblito insignificante, Ars, a 40 km de Lyon, donde había apenas unas 300 almas; iba caminando y no sabía muy bien qué ruta debía tomar.
En su viaje, encontró a Antoine Givre, un niño campesino y le preguntó por dónde debía dirigirse a Ars. El niño le ayudó y el sacerdote le contestó:
– “Tú me has mostrado el camino a Ars, yo te mostraré el camino al cielo”.
Monumento a las afueras de Ars que señalan el lugar exacto del encuentro entre el cura de Ars y Antoine Givre
Se cuenta que, al llegar el cura a la casa parroquial, completamente derruida y hacía tiempo sin sacerdote, sólo una persona iba a Misa; al morir el cura de Ars, sólo una persona no asistía al Santo Sacrificio…
Comenzó su sacerdocio por lo principal que puede debe hacer un cura: predicar la verdad y administrar los sacramentos. Pues para ello posee el triple «munus» o «carga»: el de regir a la grey, el de enseñar y el de santificar.
Pasaba horas en la pequeñísima parroquia que apenas podía albergar a 50 personas manteniéndola permanentemente abierta para que la gente se pudiera acostumbrarse a visitar el Santísimo Sacramento. A todos les llamaba la atención la dedicación de este cura demacrado, flaco, penitente, que siempre contestaba con una sonrisa.
Poco a poco, con su paciencia y humildad, aunque también con su carácter férreo, comenzó a ganarse las almas, desde el púlpito y desde el confesionario.
Decía verdades como puños y no aguaba la doctrina de la Iglesia, pero al mismo tiempo, era misericordioso con el pecador arrepentido, con quien le bastaba estar unos minutos en el confesionario para cambiarle la vida.
Fue en esa parroquia en la que sucedieron cosas admirables y memorables.
Allí convirtió a los hermanos Lehman, dos rabinos judíos que, luego, fundarían una congregación religiosa para predicarle al Pueblo de Israel.
Fue allí donde el demonio lo acechaba casi todas las noches impidiéndole dormir.
Fue allí donde dio una de esas hermosas enseñanzas acerca de lo que es la oración:
Es que veía muchas veces en su Iglesia a un campesino, que se llevaba consigo sus herramientas y entraba en la parroquia sentándose en uno de los bancos de atrás. No utilizaba ni libros de rezos, ni rosario; sólo se contentaba con mirar el tabernáculo. Curioso, un buen día el cura de Ars ya no aguantó más y le preguntó:
– «Mi querido amigo, dígame, ¿Qué oración reza usted cuando está en la Iglesia?»
– «¡Oh, Señor cura! – respondió el campesino – «son muchas las veces que no puedo rezar. Entonces, simplemente, miro a Jesús. Yo lo miro y Él me mira».
Así comprendió el santo cura cómo incluso la gente más sencilla puede llegar a tener una oración de simplicidad más alta que una carmelita incluso.
Comía poco, dormía menos. Estilaba hervir papas en una bolsa y dejarlas colgando en la cocina para, al mediodía, comer una o dos con algo de pan. Tanto que el demonio lo llamaba «come-papas».
Pasaba doce horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.
Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianney. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa parroquial había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse. Era un personaje tan famoso que muchos deseaban retratarlo, pero él se negaba.
Su horario era admirable: se levantaba a las 12 de la noche. Hacía sonar la campana de la torre, abría la iglesia y empezaba a confesar. A esa hora ya la fila de penitentes era de más de una cuadra de larga. Confesaba a los hombres hasta las 6 de la mañana. Poco después de las 6 empezaba a rezar los salmos de su devocionario y a prepararse para la Santa Misa. A las 7 celebraba el Santo Sacrificio.
En los últimos años el obispo logró que a las ocho de la mañana se tomara una taza de leche.
De 8 a 11 confesaba mujeres. Luego, daba una hora diaria de catecismo para todas las personas que estuvieran ahí, en el templo. Eran palabras muy sencillas que le hacían inmenso bien a los oyentes.
A las 12 del mediodía iba a tomarse un ligerísimo almuerzo. Se bañaba, se afeitaba, y se iba a visitar un instituto para jóvenes pobres que él costeaba con las limosnas que la gente había traido. Por la calle la gente lo rodeaba con gran veneración y le hacían consultas de todo tipo.
De 13.30 hasta las 18 seguía confesando. Sus consejos en la confesión eran muy breves. Pero a muchos les leía los pecados en su pensamiento y les decía los pecados que se les habían quedado sin decir. Era especialmente duro al momento de combatir ciertos vicios que existían en la época: la borrachera, los bailes, la impureza y la falta de vida cristiana.
Preparaba meticulosamente los sermones, ponía ejemplos y buscaba mover los corazones.
En el confesionario sufría mareos y a ratos le parecía que se iba a congelar de frío en el invierno y en verano sudaba copiosamente. Pero seguía confesando como si nada estuviera sufriendo. Decía: «El confesionario es el ataúd donde me han sepultado estando todavía vivo». Pero ahí era donde conseguía sus grandes triunfos en favor de las almas.
Se quiso escapar una o dos veces para internarse en una Cartuja, pero el pueblo se lo impidió porque quería a su pastor.
Por la noche leía un rato, y a las 20 se acostaba, para de nuevo levantarse a las doce de la noche y seguir confesando.
Cuando llegó a Ars solamente iba un hombre a misa. Cuando murió solamente había un hombre en Ars que no iba a misa. La mejor biografía del santo cura de Ars es, sin duda, la de Francis Trochu: «El cura de ars». Murió a los 73 años y su cuerpo se encuentra aún incorrupto.
Fue un sacerdote contrarrevolucionario porque entendió que, a la malicia, sólo es necesario oponerle la milicia propia de cada deber de estado.
Pidamos, roguemos a Dios para que nunca nos falten sacerdotes para la Iglesia; sacerdotes fieles, santos, penitentes, abnegados, no acomodados con el mundo, celosos por salvar todas las almas posibles, haciéndose «todo con todos» y siempre mirando hacia el Cielo.
Por eso, públicamente, recemos una oración que aprendí hace años:
Jesús, danos sacerdotes santos.
– Para aumentar nuestra Fe, danos sacerdotes santos.
– Para bautizar a nuestros hijos, danos sacerdotes santos.
– Para celebrar la Santa Misa, danos sacerdotes santos.
– Para perdonar nuestros pecados, danos sacerdotes santos.
– Para confirmar a nuestros jóvenes, danos sacerdotes santos.
– Para casar a nuestros novios, danos sacerdotes santos.
– Para visitar a nuestros enfermos, danos sacerdotes santos.
– Para multiplicar los sacramentos, danos sacerdotes santos.
– Para predicar la verdad con valentía, danos sacerdotes santos.
Pidamos a María Santísima que, de entre nuestras familias salga, como una barra de nardo, jóvenes dispuestos a dar sus vidas para mayor gloria de Dios y salvación de las almas, diciéndole SÍ, a Dios, en el caso de que los llame a la vocación sacerdotal o religiosa.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
‼️Confirmado: El Papa León viajará a América del Sur en noviembre.
• Uruguay (6-8 de noviembre): Montevideo, Paysandú y Florida.
• Argentina (8-11 de noviembre): Buenos Aires, Córdoba y Luján.
• Perú (11-17 de noviembre): Lima, Chiclayo, Cuzco y Pucallpa.
Mons. Munilla ha publicado sus recomendaciones literarias para este verano. Como parece que la idea estaba en el ambiente —o me ha copiado descaradamente 😄—, comparto también algunos libros que han alimentado mi fe y que recomiendo leer sin prisas.
1️⃣ El Señor, de Romano Guardini.
Una de las mejores obras para acercarse a la persona de Jesucristo. No es una simple biografía, sino una contemplación profunda de su vida, sus palabras y su misterio.
2️⃣ Introducción al cristianismo, de Joseph Ratzinger.
Un libro exigente, pero luminoso. Ayuda a comprender el Credo, la fe y la esperanza cristiana en diálogo con las preguntas del hombre contemporáneo.
3️⃣ Meditación sobre la Iglesia, de Henri de Lubac.
Especialmente necesario en tiempos de polarización. La Iglesia no es un partido, una ideología ni un grupo de afinidades. Es misterio, comunión, madre y obra de Dios.
4️⃣ La libertad interior, de Jacques Philippe.
Breve, sencillo y muy práctico. Nos recuerda que la verdadera libertad no consiste en que todo salga como deseamos, sino en permanecer unidos a Dios en cualquier circunstancia.
5️⃣ El abandono en la divina Providencia, de Jean-Pierre de Caussade.
Una escuela para descubrir la voluntad de Dios en el momento presente, también en aquello que no hemos elegido y que, muchas veces, nos cuesta aceptar.
6️⃣ Introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales.
Un clásico que demuestra que la santidad no está reservada a monjes y religiosos. Se puede vivir una profunda vida espiritual en medio de las obligaciones ordinarias.
7️⃣ El combate espiritual, de Lorenzo Scupoli.
Una enseñanza realista y sobria sobre las tentaciones, el conocimiento propio, la humildad y la confianza en la gracia. Sin estridencias ni alarmismos.
8️⃣ Historia de un alma, de santa Teresa del Niño Jesús.
No es un libro ingenuo ni sentimental. Es una verdadera escuela de confianza, pequeñez evangélica y abandono en la misericordia de Dios.
9️⃣ Diario de un cura rural, de Georges Bernanos.
Una de las grandes novelas sobre el sacerdocio, la gracia, el sufrimiento y la fecundidad escondida de una vida que, humanamente, puede parecer fracasada.
🔟 El poder y la gloria, de Graham Greene.
La historia de un sacerdote débil y pecador en medio de una persecución. Una novela sobre la fidelidad de Dios, que actúa incluso a través de instrumentos muy pobres.
1️⃣1️⃣ Señor del mundo, de Robert Hugh Benson.
Una novela profética sobre una sociedad que promete paz, fraternidad y progreso, pero que pretende construirlos prescindiendo de Dios.
1️⃣2️⃣ Cartas del diablo a su sobrino, de C. S. Lewis.
Inteligente, irónico y certero. Ayuda a reconocer muchas tentaciones cotidianas sin convertir al demonio en protagonista absoluto de la vida cristiana.
No todos son novedades. Algunos son mejores: son libros que no caducan. El verano también puede ser un buen momento para descansar, pensar, rezar y dejar que una buena lectura nos transforme un poco por dentro.
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