Sanar -ya sea entendido como curarse emocional o físicamente-, no es un proceso lineal ni sencillo. Es un proceso donde hay subidas y bajadas; momentos en los que desearás tirar la toalla; y momentos en los que realmente piensas que nunca sanarás.
No te sientas culpable si tuviste que posponer tus metas porque ahorita tu única meta es conseguir salud mental, a veces hay que reordenar las prioridades.
Si prestas atención a los patrones de tu vida, te darás cuenta de que todo siempre sale bien. Todo siempre te lleva a un destino mayor. Siempre creces y las cosas que crees que no puedes sobrevivir, de alguna manera divinamente las superas. Así es la vida. Siempre recuerda eso.
Que al final perdonar es tomar la decisión de que el daño del pasado no dirija tu vida en el presente. El concepto de perdón lo tenemos demasiado contaminado. Lo que está claro es que para seguir hay que decidir no quedarse en el dolor. Eso es perdonar.
La herida no va a sanar, ni con el tiempo, ni con el alcohol, ni con la comida, ni con las drogas, ni con muchísimo trabajo, ni con vacaciones, ni con un amor...
La herida sana cuando la entiendes.
La ansiedad es como la fiebre, un indicador como consecuencia de que algo va mal. La ansiedad no es la causa de que yo esté mal, es consecuencia de que algo no anda bien y tengo que revisar. Poner parches centrándome en el síntoma sin ir a la causa será solo eso: poner parches.