No hay persona más cobarde y egoísta que aquella que no tiene el valor de hablar claro, y solo deja que la otra persona se haga un desastre emocional intentando entender el desinterés y decidir si seguir ahí o dejarlo todo.
"Mi mujer" me parece el apodo más bonito que alguien puede usar. No sé cómo explicarlo, pero tiene una calidez y una ternura que hacen que se sienta mucho más especial que cualquier otro.
Juega Argentina un sábado a la noche y pensar que en la adolescencia me estaría juntando con amigos a verlo y después salir de joda sin importarme el frío. Ahora prefiero quedarme en casa calentito y mirar el partido sin que nadie me rompa las pelotas. Placer de la vida de adulto
Cuando hay amor, hay conciencia, empatía, ajuste y disposición al cambio. Cambiar una conducta que hiere, sin que tengas que rogarlo ni convertirlo en una batalla, es cuidado básico.
Mereces a alguien que le duela herirte y quiera ser mejor para ti.