Las palabras jamás serán suficientes para soltar todo lo que traigo conmigo y mi silencio solo los ahoga. Quiero gritar, correr lo más lejos posible hasta perderme y sentir por un momento que nada importa pero, ni siquiera eso podría calmarme.
Y quizá solo sea una cuestión de aceptación, suena tan fácil pero ¿Realmente lo es? Aceptarse a uno mismo, aceptar a los demás, aceptar los hechos y la realidad para continuar o dejar de divagar.
Hoy más que nunca me siento como un perro callejero que alimentan por miedo a que se muera de hambre. Te agradezco, compañera del trabajo, por darle de comer a los muertos de hambre como yo.
Podré tener un día de mierda pero con solo saber que al final del día estaré en sus brazos, además de recibir sus besos y caricias, hace que vuelva a la vida.