Qué atractivo es cuando alguien sabe comunicarse bien. No desaparece, te cuenta lo que hace, se disculpa si tarda en responder y no te deja adivinando nada. Eso que es tan básico, es lo que enamora y no cuesta nada.
Se creen un partidazo porque madrugan, trabajan y pueden comprarte cosas. Como si el dinero fuera sinónimo de carácter.
Pero no saben comunicarse, no saben gestionar sus emociones, usan el silencio como castigo y confunden proveer con amar.
No todo en la vida es traer dinero a la mesa.
Un verdadero compañero no solo aporta económicamente: aporta paz, estabilidad emocional y responsabilidad afectiva.
La hombría no se mide por lo que compras, sino por la madurez con la que amas.