Trascender implica todo lo relacionado con:
1. Conocerte a ti mismo.
2. Conocer y dominar las reglas del origen y del orden.
3. Comprender el funcionamiento de tu adversario.
La vida me ha dado tanto que a veces siento que el corazón no me alcanza para agradecer. Estoy contento, respiro paz y camino ligero, como si pudiera volar. Agradezco cada amanecer, cada persona que me acompaña y cada sueño que sigue creciendo dentro de mí.
Bendito, Jesucristo!!!
EL INFIERNO POR EL QUE PASÉ NO TENÍA FUEGO NI DEMONIOS… HABÍA GENTE QUE AMABA.
Hay heridas que no las deja un enemigo, las deja alguien a quien abriste la puerta, le diste tu tiempo, tu confianza… y hasta partes de tu alma.
Porque el peor infierno no siempre se ve como castigo, a veces se disfraza de abrazo, de promesa. de “te quiero”. de presencia que parecía refugio… y terminó siendo ruina.
No hubo llamas, no hubo monstruos, no hubo cadenas. Pero sí hubo palabras que destruyeron más que un golpe. Silencios que dolieron más que un abandono, desprecios que fueron apagando poco a poco lo que uno era.
Y eso es lo más duro de aceptar: que no siempre te rompe quien te odia…a veces te rompe quien decía amarte. Hay personas que no llegan a tu vida para cuidarte, sino para vaciarte. Te abrazan mientras tu te desgastas. Te sonríen mientras te hieren. Y dicen amarte mientras te enseñan a perder tu paz.
Por eso hay infiernos que no están debajo de la tierra, están en relaciones equivocadas, en vínculos que asfixian, en afectos que confunden amor con control, con manipulación o con dolor.
Y uno tarda en entenderlo, porque cuando amas de verdad, al principio justificas lo injustificable; Perdonas demasiado, callas demasiado, aguantas demasiado....
Hasta que un día despiertas…,y entiendes que sobreviviste a un lugar oscuro del que casi nadie habla: El de amar a quien te estaba destruyendo.
Pero también entiendes algo más importante: que salir de ahí no te volvió frío…te volvió consciente. Ahora sabes que no todo amor sana. Que no toda cercanía es hogar. Y que a veces, la mayor prueba de amor propio…es alejarte de quien juraba quererte mientras te hundía.
Es cierto; Hay infiernos sin fuego ni demonios.......y estos duelen más porque tenían rostro conocido.
La primera vez puedes dudar.
La segunda deberías observar.
La tercera ya no estás viendo un accidente… estás viendo carácter.
Porque cuando alguien hiere, manipula o traiciona de forma constante, no te está mostrando una excepción.
Te está mostrando quién es.
El principio de lo recíproco asegura que ninguna de las partes involucradas se desgaste, si todos contribuimos, nadie se cansa. Al adoptar un enfoque colaborativo y equitativo, evitamos que la carga recaiga sólo en una persona o entidad, lo que resulta en un equilibrio sostenible.
No hagas alianza con quien es incapaz de reconocer y honrar lo que recibe; donde no hay gratitud, no hay fundamento.
Y no te acerques demasiado a quien toma los límites como afrenta y la verdad como ataques: allí, la razón no encuentra morada.
No es que me convertí en lobo, eso siempre estuvo ahí.
Antes de ser consciente, algo en mí ya se movía en silencio: ideas que nacían sin permiso, preguntas que desarmaban lo aprendido, caminos que no estaban en ningún mapa. Mientras otros aceptaban, yo observaba. Mientras otros repetían, yo dudaba. Tomaba lo que me enseñaban y lo pasaba por fuego: lo cuestionaba, lo rompía, lo reconstruía… hasta alcanzar una comprensión propia del hombre y del mundo.
Sin darme cuenta, empecé a apartarme del rebaño. No por rebeldía ruidosa, sino por naturaleza. Nunca sentí la necesidad de confrontar, pero tampoco la de encajar. Y en ese silencio incómodo para otros, me llamaron raro… rebelde… distante. La verdad es que la idea de ser oveja nunca me quedó bien.
Había algo más profundo latiendo en mí: un instinto antiguo, un espíritu de cazador que intenté domesticar. Lo reprimí, lo oculté, lo suavicé para no incomodar… pero hay naturalezas que no se pueden encerrar para siempre. A veces, sin aviso, asomaban los colmillos. A veces, el gruñido escapaba, no por violencia, sino por verdad contenida.
He atravesado el miedo. He descendido a mis propias sombras y he dejado atrás todo lo que intentaba domesticar mi esencia. Ya no huyo de lo que soy.
Soy lobo.
No por imposición, sino por reconocimiento.
Hay un fuego en mí que no se apaga —arde, empuja, exige movimiento. No me consume, me guía. No me cansa, me sostiene.
Hoy camino con claridad. Con propósito.
Y con la certeza de que ya no estoy buscando mi lugar…
Estoy listo para tomarlo.
GÉNESIS 49:27 RVR1960: “Benjamín es lobo arrebatador; A la mañana comerá la presa, Y a la tarde repartirá los despojos.”