Siempre sí a empezar el año con sexo sucio, fuerte y pervertido.
Esa sensación animal de que el cuerpo del otro te pertenece, de empujarlo hasta el límite, de sentirlo rendirse tan profundamente a ti que cualquier cosa que se te ocurra hacerle… la recibe, la desea, casi te la agradece con cada gemido ahogado.
Ese momento en el que ya no existe nada más que la piel pegada, los dedos marcando, la respiración rota y esa certeza de que te pertenece.
Siempre sí a eso.
A lo oscuro, a lo intenso, a lo que se siente tan bien que casi da vergüenza admitirlo.