Tengo devoción por la manera en que el Indio tenía de describir a las mujeres en sus canciones. Éramos valientes, fatales, rapaces, hermosas, inteligentes y profundas. Joyas patricias de amor.
Del otro lado de esa valla está el féretro del Indio. Una chica de la organización ve a una mujer que llega llorando. No para de llorar. La abraza. No la apura, la abraza.
Porque eso también nos enseñó el mister: a cuidarnos entre nosotros.
Aunque no te guste o interpele, cuando el pueblo está conmovido por la partida de un referente popular tenés que cerrar el orto para no quedar como un pelotudo que se quiere mostrar diferente y superior por ver la que otros no ven. En la magnitud de tu intrascendencia, molestás