Nadie habla del duelo y el limbo que implica dejar de ser quien eras sin entender todavía quién eres ahora. Ni de cómo, en ese proceso, se van difuminando lugares, personas y versiones de ti que alguna vez sentiste tan propias.
«Yo moriría/mataría por ti.» Bueno, pues yo sanaria por ti. Me desharía de todos y cada uno de mis patrones tóxicos, cocería mis heridas una a una sin importar cuanto duela, me convertiría en un hogar para ti, un lugar seguro en el que mi calor te caliente sin quemarte.
La nobleza en un hombre enamora mucho. Al ególatra solo se lo aguantan él mismo, la mamá y una vieja igual de fastidiosa con la que se van a terminar odiando.