Durante la mayor parte de la historia humana, la gente no ha dormido de corrido 8 horas seguidas como hacemos hoy en día. En cambio, tenía un patrón natural llamado "sueño bifásico" o en dos partes: un primer sueño corto después de anochecer (varias horas), luego se despertaban alrededor de medianoche durante 1-2 horas o más, y después volvían a dormir hasta el amanecer (segundo sueño). En ese intervalo de vigilia tranquila, las personas aprovechaban para rezar, reflexionar sobre sueños, leer, escribir cartas, charlar con la familia, cuidar el fuego o incluso tener intimidad con su pareja. Era algo normal y documentado en diarios antiguos, literatura (desde Homero) y culturas de Europa, África y Asia. Este "descanso partido" hacía que las noches largas (sobre todo en invierno) se sintieran más manejables y divididas.
Este hábito desapareció en los últimos 200 años por cambios grandes en la sociedad. Primero llegó la iluminación artificial (lámparas de aceite, gas y luego electricidad en los siglos XVIII-XIX), que permitió quedarse despierto más tarde y convirtió la noche en tiempo útil para trabajar o socializar. La luz fuerte por la noche retrasa la melatonina (la hormona del sueño) y altera nuestro reloj interno. Además, la Revolución Industrial impuso horarios fijos de fábrica, había que levantarse temprano y dormir de un tirón para rendir al día siguiente. Así, hacia principios del siglo XX, las 8 horas continuas se convirtieron en la norma "moderna", aunque no sea lo más natural para nuestro cuerpo.
Hoy muchos nos despertamos a las 3 de la mañana y nos preocupamos pensando que algo falla, pero es algo muy humano y común históricamente. Estudios en laboratorios (sin luz artificial ni relojes) o en comunidades sin electricidad (como en Madagascar) muestran que la gente vuelve espontáneamente al sueño en dos partes. Si te pasa, no es insomnio grave, es normal. Los expertos recomiendan no obsesionarse con el reloj (mejor taparlo), aceptar la vigilia con calma y, si llevas más de 20 minutos despierto, levantarte a hacer algo tranquilo en luz tenue (como leer) hasta que vuelva el sueño. Entender que el sueño continuo es un invento reciente puede quitarte ansiedad y ayudarte a descansar mejor.
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