Hoy acaba la etapa mundialista en Guadalajara
Muchos apostaron a su fracaso, incluida la grey de la administración federal
En tres semanas la ciudad mostró lo que es. Recalco: lo que es más allá de partidos y gobernantes
Sigo leyendo y atestiguando comentocratas, columnistas y opinadores que quisieran el fracaso de esta sociedad. Muchos de ellos ligados a medios públicos.
Como lo hicieron en febrero, cuando el gobierno federal dejó sola a la población tras el abatimiento del Mencho
Ellos saben la historia pero no la dirán porque no les conviene a su narrativa y su interés del 2027
Pero la gente, esa que salió durante los últimos 14 días a mostrar otra vez lo que es Guadalajara, aplausos.
Sí, hay que recordar y reaprender cosas como no tirar esa cantidad bestial de basura en un evento público.
Pero la sociedad tapatía volvió a dar lecciones a esos políticos que los quieren usar para sus aviesas intenciones.
De hecho, nos dió una lección a todos
El gobierno -Pablo, Verónica, Frangie- pusieron elementos
Pero la fiesta es del tapatío.
Muchas felicidades
Así la salud pública en México y siguen diciendo que no importa lo que digan los demás, para la 4T es algo de lo que enorgullecerse y que no se menciona en la mañanera #purasmentiras4T
🚨🤰Una mujer dio a luz sola en el baño de la clínica 48 del IMSS en Azcapotzalco. Estuvo horas en sala de espera sin atención médica. Solo fue auxiliada tras el nacimiento del bebé.
@goliveros Imagino cuantos sueños, angustias, logística y producción hubo, pero una cosa Si es segura, el festival era de ustedes, de nosotros, de Guadalajara. Fue y sigue siendo memorable el #212. Gracias mil veces
El viernes de la semana pasada, Woodkid -nombre artístico de un genio llamado Ioan Lamoine - lanzó una nueva canción basada en un videojuego. La respuesta ha sido muy positiva, casi obvia al pensar en lo talentoso que puede lograr ser alguien que se compromete.
Pero el lanzamiento sirve para recordar un poco lo que sucedió hace exactamente 10 años atrás, en el 212 de Woodkid.
Hagamos un poco de historia. En 2012, dentro de la obsesión que había dentro de RMX por programar música novedosa, llegó a mi uno de los sencillos del disco “Golden Age”: Iron. La canción que comenzamos a programar era un deep cut, una versión distinta del corte original que venia dentro del disco. Meses después -por allá de mayo- comenzó a sonar Run Boy Run. Vaya que sonó dentro de la programación, tanto que la disquera me invitó a entrevistarlo en Los Angeles…el 8 de mayo de 2013.
Casi un año después fue cuando, por fin, el disco se editó y lanzó en los Estados Unidos. La entrevista salió al aire un par de días después y describí lo curioso que había sido el encuentro en el lobby del hotel W angelino.
Esa noche, Woodkid se presentó en el Fonda Theatre ubicado en pleno paseo de las estrellas. El lugar estaba a tres cuartas partes y la puesta en escena era perfecta pero curiosa: 15 personas en un pequeño escenario para ejecutar de manera perfecta un disco con mayor cantidad de metales y percusiones que de elementos electrónicos.
El final del show era un performance donde los distintos miembros de la banda se convertían en caballería y Lamoine -que tiene un enorme talento pero baja estatura- montaba en uno de ellos para terminar la batalla.
Todo eso y el impacto de la belleza interpretativa la describí al aire. Meses después, en una cena el 30 de diciembre, le dije a Ricardo Salazar que el disco del año era ese, que debía de escucharlo.
Para 2014, la consigna de los directivos de Imagen era que debíamos cambiar la fecha del festival 212 si queríamos que prosiguiera. No había posibilidad que nos arriesgáramos en una pifia como que la lluvia nos hiciera suspender -de nuevo- las actividades del evento.
De la misma forma, durante ese 2014, surgieron dos mandatorios más: debíamos de cambiar de producción y era nuestra obligación añadir a los demás medios del grupo en el evento.
Carlos de Carcer -en ese entonces, productor ejecutivo de Imagen y líder moral de la organización- insistía en los métodos y cuidados que debíamos tener. De Carcer -cuánta falta hace aun hoy- era obsesivo en métodos y procedimientos, pero también en empujar a los distintos éxitos que veía en la empresa. RMX siempre fue empujado por él.
De Carcer convocó a las distintas de Imagen a que se sumaran al crecimiento de 212. No todas estaban de acuerdo por los costos que existían por ello. Acostumbrados a lo noticioso por encima del entretenimiento, no veían la forma de vender programas de televisión abierta de algo como lo que sucedía en Guadalajara de manera fácil, más con el traslado de personal desde Ciudad de México hasta occidente para desarrollar la producción televisiva.
Sobre la producción del evento la historia es otra y más triste. Imagen pidió cambiar de proveedor luego de los desacuerdos que hubo en el 212 de Cancún y optaron por una empresa que decía ser experta en el desarrollo de eventos masivos.
No mentían: durante años produjeron todo lo que los gobiernos de López Obrador y Ebrard realizaban en la capital. De hecho, aun trabajaron con la administración de AMLO y Sheinbaum en el sexenio anterior…y este.
Pero no estaban preparados para un monstruo como 212.
No me malinterpreten, las empresas pueden ser expertas en sus formas de trabajo, pero ese festival tenia cualidades de rapidez y organización que se habían creado para él mismo. No había 45 minutos de cambio de set disponibles entre banda y banda, la gente no podía trasladarse del escenario sur al norte como en otros festivales nacionales. Las características de Avenida Chapultepec no permiten el traslado de miles de personas de un sitio a otro sin poner en riesgo el confort.
El problema es cuando los productores quieren que la gente -el público o los organizadores- se adecuen a su estilo y no al revés. Eso desencadena el caos y los mayores problemas.
La productora fue acercada a 212 por el entonces director de intercambios de Imagen. Había trabajado con ellos de manera cercana y constante, no parecía que hubiera problema mayor.
Pero comenzó a haberlos. Incluso antes del festival.
Siempre he creído en el mix de artistas en un festival gratuito que se hace en la calle. Creo además que 212 era -es, aun después de su desaparición- propiedad de Guadalajara completa, no sólo de aquellos que escuchaban el concepto radiofónico que conceptualicé. Lo hicimos al inicio del mismo en la calle con una banda autóctona, luego de el hijo de Mike Laurie y, después, con los Ángeles, negro y azules.
Pero lo que decidimos para 2014 era otra cosa. Jorge Huerta -director de Imagen Guadalajara en ese entonces, uno de los principales impulsores del festival pese a todo- me llamó un día para presentarme a una representante de artistas llamada Lulú Landel. Ella sabía del festival y se le ocurrió la idea de que uno de sus talentos estuviera en el mismo.
Al principio, no me negué pero fui renuente a la idea más por una cuestión de prejuicio que de conocimiento. Al final, acepté por la polémica que causaría pero, también, porque sabía que ello ayudaría en la negociación del artista headliner de ese año. Si aceptaba la inclusión de un género distinto eso apalancaría la inclusión de un nombre más fuerte.
Se sugirió entonces a Fidel Rueda, quien despuntaba en ese momento en su estilo y público. Quedamos en que se daría a conocer horario y escenario casi llegando el festival, era obvio: jalaría mucho público diverso, distinto a lo que se esperaría para el momento estelar.
Con esa carta en la bolsa, comencé a ver qué artista podría estar en el escenario de Niños Heroes. No teníamos mucho dinero porque la convocatoria a los artistas nacionales se había vuelto más difícil que en años anteriores, tanto por el cambio de fecha como por las presiones que la competencia comenzaba a influir en ellos.
Aun con eso, el festival estaba redondo: Teníamos el regreso de Resorte a los escenarios, Porter venía al evento luego de un frustrado acuerdo que tuvieron con Alejandro Tavares que les había impedido hacer cualquier cosa con nosotros, traiamos a Javiera Mena desde Chile en una sociedad con Red Bull y Pepe y Ramón (o Bostich y Fusible, como quieran llamarlos) iban a conquistar de nuevo la avenida, como en 2010.
Pero, ambiciosos como siempre, queríamos más.
Alejandro Dávila -generoso como siempre- me envió una serie de listas de artistas disponibles, siempre ajustando presupuesto a la baja. De pronto, entre los distintos nombres, saltó uno: Woodikid.
Me enterqué con la idea a partir de ese momento, Le pedí números y rider para ver necesidades técnicas. La cifra estaba un poco más elevada de lo que teníamos en presupuesto y era normal ya que teníamos que volar a 15 personas desde París, lo que volvía complicada la situación.
Pablo González sacó los cálculos de los vuelos lo cuales casi nos hacen echar para atrás la idea. Si el presupuesto de 212 era de cinco, seis millones de pesos, solo de los vuelos de Woodkid y su banda era el 15 por ciento del mismo. Hicimos cálculos y buscamos otros patrocinadores para lograrlo.
Por fin, cuando cuadraron los números, salió otro inconveniente, la productora se negaba a realizar el evento con ese riere, ya que pedía un tipo de luces específicas que iban a suelo de una marca que no se encontraban de manera fácil en el país. Si queríamos hacerlo, el presupuesto saltaría un 30 por ciento más, incosteable.
Terco e intransigente, insistí, le pedi a Jair Cardoso costear el rider por fuera y salió lo esperado: la productora estaba inflando los precios a Imagen. Huerta decidió entonces que pagaría la iluminación por fuera para que la presentación se llevara a cabo.
El director de Intercambios se negó, por lo que hubo un estira y afloje que terminó por presionar a la productora para que entregara el rider solicitado -condición sine qua non para la presentación- al artista que sería el principal.
Al final, a siete días que se diera el festival, cerramos todo. Una mañana, anuncié a Woodkid para, horas después, hacer el anuncio de Fidel Rueda. La gente me odió un poco más y los detractores -muchos con gasolina de la competencia leal y ampliada- volvieron a atacar al festival. El objetivo era acabarlo de una vez por todas y la presentación de una artista diferente era el mejor pretexto.
Ilusos, ellos y nosotros.
Como en ocasiones anteriores, el escenario comenzó su montaje 72 horas antes. Cierto, era más grande que el del 2013, pero el diseño no era de scafold sino de ground support, lo que ocasionaba retrasos en su estructura. De la misma forma, el proyector que había solicitado Woodkid tapaba una parte importante de la visibilidad para la audiencia, sobretodo porque no habían solucionado los productores su posicionamiento.
Para el viernes 13, el retraso era evidente. El productor general solo se hacía bolas con los sanes y posiciones que tenían cables y requerimientos de cada banda, sobre todo por parte de Woodkid, que había pedido que las luces no fueran colgadas, sino a piso, lo que cambió todo el diseño para las demás bandas.
Las oficinas de Imagen estaban cerca de Avenida Chapultepec, por lo que una y otra vez yo iba de un lado a otro para ver avances y retos a seguir. En Guadalajara, además, ya se encontraba parte del equipo de la Dirección de Intercambios, más el equipo de televisión que se haría cargo de la transmisión, la cual saldría primero por internet.
A las 8 de la noche, el diagnóstico era de un enorme retraso en el montaje del escenario principal, la explicación era que faltaban elementos para el mismo. La realidad es que el monstruo estaba engullendo a una producción que no calculó lo que venía.
Y a eso, el caos.
Cuando regresé a las oficinas de RMX, alguien me dijo que había un francés buscándome con urgencia, que hablaba poco inglés y nada de español. Minutos después, se puso de nuevo al teléfono. Era Nicolas Lacomblez, road manager de Woodkid.
Las noticias no eran buenas: habían viajado de París a Ciudad de México vía Air France…que llegó a la terminal uno del AICM. Con el retraso de migración y aduana, habían perdido el vuelo de conexión a Guadalajara, que salía por AeroMéxico por la terminal dos.
No había nadie que los ayudara.
Ninguna autoridad de AeroMéxico quería auxiliarlos
No había nadie de Imagen en el aeropuerto.
Ante la situación, pedi hablar con las autoridades de AeroMéxico en el AICM. Fue inútil, nadie del aeropuerto Benito Juárez quería ayudarlos. Habían perdido su conexión a Guadalajara y, con eso, perdían todo el resto del viaje.
Es decir, no solo no podían llegar al festival, sino que se perdía todo el trayecto de Guadalajara a París de regreso.
Busqué a los directivos de Imagen que estaban en Guadalajara. El director de Intercambios -encargado también de expedir los boletos- mencionó que no había nada que hacer y que no se hacia responsable, ademas de que no tenia a nadie en Ciudad de México que auxiliara.
Para las 10 de la noche, yo ya había chocado con puertas de vidrio en Imagen rompiéndolas ante la atención puesta en el problema primordial: como recuperar al artista principal.
Si esto fuera poco, Jair se acercó a darme más malas noticias: el ingeniero de iluminación de Woodkid había pedido fotografías de las luces instaladas a piso para adelantar su seteo.
Las luces eran falsas.
A esa hora, no había mucho que hacer, la línea aérea no había dado espacio en su último vuelo del viernes a los integrantes de la banda que, ahora, debían tener habitaciones para descansar mientras los llevábamos a Guadalajara o los regresábamos a su país de origen.
Hicimos tres cosas, conseguimos hospedarlos en el NH del aeropuerto capitalino -100 mil pesos por una noche-, Israel Pérez habló con el equipo de producción de la compañía de su esposa para que recogieran instrumentos y los trajeran vía terrestre a Guadalajara y contactamos a una fiel y adorable radioescucha que trabajaba en AeroMéxico.
Un ángel. Ella nos ayudó a reagendar los vuelos de la banda a las 9 de la mañana del sábado, pero nos puso una advertencia: debíamos cambiar los vuelos de regreso a los primeros del domingo, ya que no habría forma de que llegaran a tiempo para su conexión de París por Air France.
A la llegada de Woodkid y su gente a Guadalajara, el enojo era mayor, no solo por el problema de aviones sino por el engaño del equipo. No solo eran las luces, el proyector tampoco era con las especificaciones pedidas y otra gran parte de los requerimientos se habían obviado.
Cuando se le objetó al director de intercambios, este respondió que ‘los franceses deben entender que están en México y que así trabajamos, si no quieren subirse, es su problema’.
Tuvimos que buscar subsanar los requerimientos que buscaba no sólo Woodkid, sino las otras bandas, que comenzaban a sufrir ante el retraso en el armado de escenarios y la falta de respuesta de la producción. Se compraron artículos técnicos y hasta requerimientos humanos peculiares. Madela Bada tuvo que entrar a llenar ciertos requerimientos que el Crew de Woodkid pedía.
Mientras esto pasaba, el ingeniero de pantallas francés peleaba agriamente con el ingeniero mexicano, quien le espetaba sin que el otro le entendiera nada ante su poco conocimiento de español. Al final, a las 2 de la tarde, Lacomblez sentenció que el show de Woodkid requería de manera forzosa un cable que conectara una Mac al proyector, sin ese requerimiento -ya pasando por alto lo demas- deberían cancelar la presentación.
‘No cable, no video, no show’.
Le pedimos a todo mundo si acaso tenían un cable de esas características. No lo tenía UdeG, no lo tenía Azteca, no lo tenía nadie.
El 212 comenzó y el barco comenzó a hacer agua aun sin lluvia. Cierto, Fidel Rueda logró subsanar las críticas con un baila masivo memorable, pero después de él los errores comenzaron a ser graves, tremendos, frustrantes. Giancarlo Fregoso luchana con Telefunka por dar un show medianamente decente, Juan Manuel Torreblanca odió lo que pasaba, así como Paté de Fuá, Javiera Mena no conectaba ante la incapacidad de producción de todos los escenarios.
No había como salvarlo.
Al final, el tiempo comenzó a comer al festival por los retrasos y la mediocridad de la producción contratada.
Y a eso, habría que agregar que el cable necesitado por Woodkid no aparecía. Sabíamos que había uno en Guadalajara y otro en Ciudad de México, pero si ninguno de ellos estaba para cuando llegara el ingeniero de pantallas, el festival se acabaría para siempre.
Cinco minutos antes de la hora estipulada, llegó Osvaldo -Sí, el anterior productor de 212 -con el cable en su mano-. Ya aceptado por el ingeniero, el road manager sentenció que Woodkid debería subir al escenario en menos de media hora, por lo que debíamos cancelar cualquier cosa que tuviéramos antes.
Las negociaciones con Rey Pila y Nortec fueron tensas, por no decir ásperas. Nos estábamos jugando el festival y Jair hizo un estira y afloje muy rudo.
Por fin, Woodkid logró subir al escenario. Conquistó a todos desde el primer segundo. Presentamos todo tipo de artistas y propuestas en 212, pero ese momento es memorable para nosotros y la ciudad. Muchos, tal vez la mayoría, no conocía la obra completa del artista, pero la conexión fue tal que nadie quería que se acabara su presentación. No lo quería la audiencia, no lo querían los ejecutivos, no lo quería el artista.
Uno de los momentos más bellos del festival gratuito más grande del país.
Terminó y lo entrevisté. No fue la última ocasión que hablé con él: a mitad de la pandemia tuve la oportunidad de conversar de nueva cuenta. ‘Ustedes son los locos de esa estación de radio, ¿verdad?’.
Sí, éramos unos locos.
De esto, este 14 de noviembre se cumplen 10 años
Las infancias LGBTQ+ existen y este relato es una muestra de ello, la violencia intrafamiliar hacia personas 🏳️🌈 aún existe en México. Por eso se marcha, por eso un mes del orgullo, por eso es necesario educar.