La vista deslumbra cuando vivimos el instante: la salida del sol, la contemplación del mar o de un paisaje de montaña pueden suponer una experiencia culminante. Los momentos cumbres están en las cosas, sólo necesitamos los ojos abiertos para contemplarlos.
El ser humano ha nacido para la alegría, no para ser complacido, tener bastante o estar siempre contento. Quien se alegra da saltos en su interior. Así lo describió Lucas en el encuentro entre María e Isabel: el niño en el seno de Isabel dio saltos de alegría.
La alegría de vivir es distinta de lo que persigue la sociedad de la diversión, distinta de la diversión superficial. Se trata del arte de vivir el presente con todos los sentidos, de observar el aquí y el ahora. ¿Qué emoción me produce no hacerlo, si no vivo el presente?
La alegría de vivir es algo que podemos aprender y practicar. La clave está en disfrutar del presente y vivir con todos los sentidos el momento, sin fijarse ninguna meta.
La alegría de vivir hace que en nosotros resuene la música y el amor. Di sí a la vida. Déjate encantar. Tómate tu tiempo para tu alma. Escucha tu cuerpo y disfruta con todos tus sentidos.
"Oremos para que los católicos pongan en el centro de su vida la celebración de la Eucaristía, que transforma profundamente las relaciones humanas y abre el encuentro con Dios y con los hermanos" (Papa Francisco).
Hay un criterio para saber si Dios está cerca de nosotros o está lejos: todo aquel que se preocupa del hambriento, del desnudo, del pobre, del desaparecido, del torturado, del prisionero y de todo el que sufre, tiene cerca a Dios. (San Óscar Romero).
Las personas que aman son capaces de ver situaciones que a otros les pasan desapercibidas. Y cuando ven, no se encogen de hombros, como si la cosa no fuera con ellas, sino que ponen en marcha todos los resortes posibles, para tratar de paliar las necesidades que detectan.
¡Te necesito Señor! Quiero encontrarte en tus sacramentos. En el reencuentro con tu perdón, en la escucha de tu palabra, en la convivencia con mis hermanos, en la sonrisa de un niño y en la necesidad de un pobre. ¡Tengo que verte Señor! (Teilhard de Chardin, SJ)
Déjate tiempo para ti. La vida está llena de tareas y obligaciones, pero lo único que tienes es el presente. No dejes que pase un solo día sin haberte dejado un tiempo para ti, para pensar, reflexionar, disfrutar, aprender… No somos inmortales y el tiempo que pasa, jamás vuelve
Las tentaciones por el demonio nos acusan de nuestra inclinación a diseñar de nuevo el paraíso, como reino del mal y de la mentira, olvidando la presencia salvadora de Dios.
Quien disfruta ayudando, cada día está lleno de oportunidades para hacer la vida más fácil a quienes le rodean. Ayudar es una fuente de felicidad para las personas sensibles y generosas
La fe no se manifiesta en nuestras proclamaciones, ni en el ministerio que se nos ha confiado. La fe se hace realidad en el constante servicio a los hermanos.