Que no te hayan valorado
no quiere decir que no valieras.
A veces la gente no sabe mirar,
y confunde brillo con costumbre,
cariño con rutina,
tesoro con algo que siempre va a estar.
No eras poco.
Eras demasiado para quien no sabía sostener tus ganas.
Eras hogar para quien aún no sabía quedarse.
Eras luz para ojos que estaban cerrados.
Y duele, claro que duele.
Pero también libera.
Porque un día, sin avisar,
alguien va a llegar y va a entenderte sin manual,
va a cuidarte sin miedo,
y va a mirarte como quien encuentra
lo que lleva toda la vida buscando.
Y ese día vas a saberlo:
nunca fue que tú no valieras,
fue que allí no sabían verte.
Tengo personas en mi vida que me tratan tan bien que ni siquiera saben que han establecido un estándar de cómo permito que todos los demás me traten, y creo que eso también es amor.
Nos pasamos la vida aplazando cosas.
Los cafés. Las llamadas.
Los “te echo de menos”.
Los “ven, que te quiero ver”.
Guardamos abrazos como si se acabaran.
Dejamos palabras en borradores.
Besos que se enfrían. Planes que se caducan.
Y la vida…
la vida va en serio. No espera a nadie.
No pregunta si estás listo.
A veces se va sin despedirse. A veces deja huecos que nadie llena.
Por eso, no dejes que se te pasen las ganas.
Di lo que sientes. Pide perdón.
Manda ese mensaje. Haz esa visita.
Ama sin miedo.
Porque lo único que da más miedo que arriesgar…
es quedarse con las ganas.