@ovierablanco@rafaelarraiz Es una excelente entrevista. La he visto 4 veces. Una pieza de colección junto a la entrevista sobre el libro Paez del Mito al Hecho. Esta última la he visto 3 veces..
Soy 100% pro Cristiano Ronaldo, y me llena de satisfacción verlo unirse al selecto grupo de cracks que han marcado múltiples goles en esta Copa del Mundo. Una carrera extraordinaria, construida sobre talento, disciplina, perseverancia y una ambición competitiva inagotable.
Una de mis frases favoritas de Fahrenheit 451. Pasa desapercibida en el libro, pero es de las más cálidas:
"Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí.
«No importa lo que hagas —decía—, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en
algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.»"
La fanaticada venezolana dejando su sello también en este torneo. Nuestros cánticos tradicionales en los estadios calando en los estadounidenses, la afición más intensa y efervescente del béisbol en América.
Muy pocas personas, en realidad solo quienes trabajamos en esta industria y quienes nos rodean de cerca, entienden la verdadera dimensión de lo que implican las giras de eventos deportivos. Son largas horas agotadoras de trabajo, poco descanso y escaso tiempo libre.
A veces se nos olvida lo que significa sentir una alegría colectiva. Para un país como Venezuela, que en los últimos 26 años ha vivido momentos tan difíciles, no ha sido fácil encontrarnos todos en una misma emoción. Hemos estado demasiado tiempo divididos, preocupados, tratando de entender un país que muchas veces ha dolido.
Por eso momentos como este tienen un valor especial.
El deporte, la música o los logros de algunos venezolanos tienen esa capacidad de recordarnos algo muy simple: que, más allá de cualquier diferencia, seguimos siendo el mismo país. Que todavía existen cosas que nos unen.
Lo que está pasando ahora con el béisbol es uno de esos momentos. Ver a Venezuela llegar por primera vez a la final del Clásico Mundial no es solo un logro deportivo. Es también una pausa en medio de tantas noticias difíciles para recordar de qué estamos hechos los venezolanos. Un país que ama el béisbol, que ha llevado a cientos de peloteros a las Grandes Ligas y que creció escuchando historias de estadios, de ligas infantiles, de ídolos que salieron de barrios y pueblos.
Pero más allá de las estadísticas, lo que realmente emociona es ver a los venezolanos celebrar juntos otra vez.
Después de tantos años de tristeza colectiva, ver una alegría colectiva también es importante. Nos recuerda que todavía podemos compartir algo que nos haga sentir orgullo, algo que nos haga mirar al país con esperanza.
Ojalá esta alegría se repita muchas veces más. Ojalá se vuelva costumbre.
Porque de tristeza ya hemos tenido suficiente. Y Venezuela también merece momentos como este.