“Ordunuz yok, o yüzden sizin ordunuz olmaya karar verdik”
En meşhur ve en deneyimli Fransız avukatlardan biri olan Gilles Devers, Siyonist varlığın Filistinlilere karşı işlediği suçlardan dolayı dava açmak için sadece 10 gün içinde dünyanın her kıtasından bir avukat ordusu topladı.
Devers’in topladığı Liste farklı milletlerden ve dinlerden 300 avukatı geçti ve daha fazlasının katılmasına hala açık.
Usta avukat Giles Devers işgalci İsrail’ i karanlık bir gelecekle tehdit etti ve Filistinlilere şöyle seslendi:
-"Sizi savunacak kimseniz yoktu ama artık uluslararası ve ulusal mahkemelerde sizi savunacak bir ordunuz var."
55 años.
Sin hijos.
Sin esposa.
Sin pareja estable no rentada.
Sin amigos.
Sin propiedad propia (salvo un depto que le regalaron los papis que detesta).
Vive con la hermana.
Trabaja con la hermana.
Dice que su hermana es Moisés.
Dice que habla con los perros que no tiene.
Odia al estado y vive del Estado.
"Sorteó" su sueldo de diputado para hacerse de una base de datos de los millones de participantes, que valía mucho más que su sueldo.
Dice que vive de dar charlas: no habla inglés y no se le conoce ningún registro de charlas en ningún lado.
De registro laboral solo tiene haber trabajado para Larreta en el Canal de la Ciudad con "El consultorio de Milei", llevado al teatro donde se presenta a él mismo con chaleco de fuerza (no es una forma de decir) y trabajar para lo que él mismo llama un "empresaurio": Eurnekian.
Su padre otro "empresaurio" que amasó una fortuna con su empresa de colectivos recibiendo subsidios del Estado con CFK.
Participó de numerosas estafas cripto.
Plagia libros y solo tiene un título de licenciado.
Lo echaron de pasante en el Banco Central.
Saltó a la fama por ser un panelista violento, misógino y delirante.
Le bancó la campaña Massa.
Tiene todos los tics y tocs y latiguillos que se te ocurran.
A todos los adversarios políticos que más criticó, les dio cargos en su gobierno, al que ya le renunciaron unos 240 y muchos de ellos son los que recibieron votos de la gente.
Eligió a una vicepresidente que traicionó y ahora la tiene por enemiga N°1.
Odia la libertad de expresión de la prensa.
Odia al que piensa distinto o contradice sus mentiras.
Odia a los argentinos.
Se cree judío y el presidente "más sionista del mundo".
Insulta a todos los presidentes latinoamericanos causando graves perjuicios a la diplomacia y comercio argentinos.
Se cree el mejor amigo de Trump, sin hablar inglés, con el que no había cruzado palabra hasta hace dos años, al que le dice todo que sí, mientras Trump le clava aranceles como a cualquier otro "zurdo" de los que Milei tanto desprecia.
Y esto es solo una muestra, de HECHOS.
Algunos creyeron que, viendo todo esto, era buena idea poner el destino de 45 millones de argentinos en sus manos.
La pregunta no es cómo llegó el burro al techo.
Extranjerización de tierras y data centers.
La IA demanda un consumo monumental de agua. La nueva Ley permite a corporaciones transnacionales comprar terrenos con acceso ilimitado al agua, transformando a la Argentina en un enclave extractivo para las tecnológicas. Veamos 👇
1/ La carrera por la inteligencia artificial chocó con un límite material físico. Silicon Valley no puede resolverlo únicamente inyectando capital o diseñando mejores chips. Su expansión exige territorios capaces de soportar un consumo extraordinario de energía y agua para los data centers.
2/ Las comunidades en los países centrales asumen el impacto sobre sus servicios públicos a cambio de escasos empleos permanentes. Esa resistencia social generó restricciones, moratorias y demandas judiciales, empujando a las corporaciones a buscar geografías con regulaciones más débiles.
3/ Argentina emerge como un objetivo estratégico. Combina grandes tierras rurales y un acceso privilegiado al agua, con 69 cuencas hídricas alimentadas por casi 17.000 cuerpos de hielo en la cordillera. A esto se suma un gobierno dispuesto a ceder soberanía territorial.
4/ En este escenario opera el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La norma suprime los límites federales de la Ley de Tierras Rurales, eliminando el tope general del 15% de extranjerización.
5/ El punto más crítico: habilita a corporaciones extranjeras a comprar tierras que contengan o limiten con cuerpos de agua permanentes. Esto resulta indispensable para los data centers, cuya viabilidad depende de la extracción constante de líquido para enfriar servidores.
6/ Entregar tierras con recursos hídricos a transnacionales transforma el riesgo ambiental en pérdida directa de soberanía geopolítica. El capital foráneo, amparado en tratados de protección de inversiones como Super Rigi, neutraliza la capacidad regulatoria del Estado frente a futuras crisis como las que ya ocurren.
7/ La reforma desmantela el régimen federal y quiebra la concepción del territorio como unidad estratégica. El Registro Nacional de Tierras Rurales exigía un certificado federal para bloquear ventas que violaran topes de concentración o incluyeran agua. Eso se termina.
8/ Invocar el dominio provincial sobre los recursos (Art. 124 CN) resulta jurídicamente ineficaz para legitimar esta desregulación. La Constitución subordina la explotación a los presupuestos mínimos de protección ambiental que fija el Congreso (Art. 41 CN).
9/ Al suprimir barreras federales como la intangibilidad del ambiente periglaciar o los topes a la extranjerización, el Estado Nacional deserta de su obligation indelegable de prevenir el daño ecológico interjurisdiccional y garantizar la soberanía geopolítica.
10/ Esta retirada normativa arroja a las provincias a una asimetría estructural, obligándolas a negociar el destino de sus cuencas frente a corporaciones transnacionales desprovistas de cualquier exigencia federal unificada.
11/ Esta asimetría somete a los municipios a una competencia perjudicial. Disputan inversiones que prometen empleo durante la construcción, pero generan puestos casi nulos en su etapa operativa. La amenaza de traslado funciona como extorsión corporativa.
12/ Esta balcanización administrativa ignora el comportamiento de las cuencas hídricas. Un municipio aprueba un data center que succiona volúmenes masivos de agua en la cabecera de un río y altera drásticamente el caudal disponible incluso para las poblaciones aledañas.
13/ El caso del data center de Google en Cerrillos, Chile, materializa esta dinámica. La corporación adquirió terrenos y derechos de agua mediante reuniones reservadas con el alcalde, eludiendo los registros oficiales y el debate público.
14/ El proyecto demandaba 169 litros de agua por segundo y proyectaba 50 puestos de trabajo permanentes. Las contraprestaciones resultaron ínfimas: charlas ambientales en diez escuelas y el compromiso de "estudiar la factibilidad" de techos verdes. (Sigue 👇)
Cuando no entiendas porque la gente elige a su opresor mira esto.
Vas a entender que la gente no necesita pensar ni analizar demasiado, solo encontrar quien porte el mismo odio por la democracia y quiénes la defienden q ellos.
TESTIMONIO DE UN DIPLOMÁTICO ARGENTINO EN OFF SOBRE LA ESTUPIDEZ DE MILEI DE INSULTAR A LULA DA SILVA EN SU PAÍS
“Los insultos desaforados de Milei a Lula en territorio brasileño de hoy constituyen el más grande papelón en la historia diplomática entre ambos países vecinos, cofundadores del MERCOSUR".
"Que, sin mediar una guerra o tan siquiera un conflicto fronterizo menor, un presidente en funciones cruce la frontera a un país hermano a insultar como un demente al jefe de estado y a la cabeza del poder judicial de su máximo socio comercial solo puede explicarse desde la locura personal del agresor.
"Nunca antes se vio una acción tan bizarra y avergonzante para la diplomacia argentina como ésta, en especial para nuestro embajador en Brasilia.
"Hoy es un día horrible para la política exterior de la Argentina. Estos hechos serán recordados en lo de libros de historia latinoamericana como una página negra y calamitosa para la integración regional”.
@somoscorta Se calientan por un like de Rosalía o de Bardem pero el enemigo está adentro. La Sociedad Rural y sus cómplices del gobierno y los periodistas ensobrados.
Qué atrevidos estos argentinos. Un país periférico le quiere disputar la construcción de sentido a las potencias imperiales. Que atrevidos con su cabeza siempre en alto. Con su economía siempre destrozada instalan su música y su cine. Con lo mal que hablan español hicieron de su literatura un género universal. Que atrevidos. Pobres y sin academias dominan el mejor y más lucrativo deporte del mundo. Que atrevidos. Con su educación pública, libre y gratuita. Hasta dejan estudiar a los inmigrantes. Y atenderse en sus hospitales. Que atrevidos. Terrible dictadura y ahora son vanguardia de derechos humanos. Tienen a Milei pero no pudo con la política de género. Que atrevidos. Pelean mano a mano con el país imperial en lugar de refugiarse en la cálida sumisión como hacen los mexicanos, que más de 500 años después siguen pidiendo por favor, déjenos entrar, déjenos ser ustedes.
Que atrevidos estos argentinos. Se siguen negando a bajar la cabeza. Cabeza fueron de la iglesia católica en el mundo. Pero también tuvieron a uno que jugaba al fútbol y el mundo lo veneró como a un díos en la tierra. Y otro que liberó a una isla pero revolucionó al mundo. Y otro más que cruzó una cordillera enfermo y en camilla para liberar un continente. Que atrevidos. Estos días, en el partido más importante del torneo más importante mostraron un bandera anti imperial en el corazón del imperio.
Y un himno que dice que juran con gloria a morir.
Serán atrevidos estos argentinos.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)