Hace unos días Lola Índigo rechazaba ser madre porque “mi objetivo vital es ser libre”. Esas palabras, dichas a los 30 años, te llenan de un vacío inmenso a los 40 años. Cuando chocas contra el muro del reloj biológico y ser madre se convierte en un milagro al alcance de muy pocas. Siento lástima de una generación a quienes un falso feminismo ha inculcado que la maternidad son grilletes y que una mujer se realiza y es libre dedicándose a su vida profesional. No solo nos condena como sociedad, también nos condena como mujeres. Pienso en mi mayor éxito profesional, lo multiplico por 1.000, y no hay nada comparable con mi mayor logro en esta vida, el que le da sentido a todo: Diego. Ayer en la orilla del mar miraba mi nombre y el suyo escritos en la arena. No era Macarena, era “mamá”. No había una mujer más feliz que yo. Ni más libre.