Los colegios llenos de niños vestidos del Málaga, los taxis y los autobuses con banderas blanquiazules, el túnel de la Alcazaba con el himno, camisetas del Málaga por todas partes… Que pase lo que tenga que pasar pero es precioso lo que se está viviendo estos días en la ciudad.
A veces me pregunto si realmente superamos la pérdida o si solo nos volvemos expertos en disimularla.
Sonrío, salgo y sigo con mi vida, pero por dentro te sigo buscando en todo.
Aunque no lo diga, no hay día que no tenga un momento dedicado a ti.
Te echo de menos
en las cosas pequeñas,
en el ruido de la casa
cuando nadie responde.
En el ruido que hacían tus llaves
cuando estabas llegando.
Te busco sin querer
en las canciones que tenías en tu lista de Spotify,
en el café de la mañana,
en tu mal humor de las mañanas
en ese hueco que nadie ocupa.
Dicen que el tiempo lo calma todo,
pero hay ausencias
que no duelen menos,
solo aprenden a esconderse.
Por un rato.
Cada persona lleva el duelo como puede.
No como le dicen. No como esperan. Como puede.
Hay quien llora en voz alta y quien se rompe en silencio.
Quien necesita hablar de esa ausencia todos los días
y quien guarda el nombre en un cajón
porque pronunciarlo le desarma.
Hay quien recoge sus pedazos rápido
y quien tarda meses en entender
que la vida sigue aunque duela.
El duelo no tiene calendario.
No entiende de prisas ni de frases hechas.
No se cura con un “ya deberías estar mejor”.
Se atraviesa.
Se respira.
Se sobrevive.
Porque perder a alguien
no es dejar de quererle,
es aprender a quererle
de otra manera.
Y cada uno encuentra esa manera
cuando puede.
Como puede.