Suelta una suave carcajada al escuchar sus palabras—parecía igual de avergonzado que ella hace un minuto. Negará con su testa, encogiéndose de hombros.
—No es eso a lo que me refería, gatito. Es que simplemente me ha parecido peculiar, pero te queda bien. >
—Y a mí las caricias —reconoció de forma sincera—. Sólo que... No estoy acostumbrado. Tal vez si lo haces más seguido termine por dejarte más tiempo. Pero no ahora.
No obstante, su rostro se suavizó en confusión por lo que dijo más adelante, ¿su ropa? ¿Había algo de malo con
< haber estado acariciándote, es que me gustan mucho los gatos... —pronuncia arrepentida, esbozando una amable y amplia sonrisa.
Le observa de abajo a arriba, extrañada. Tenía una vestimenta peculiar.
—¿Eres de aquí? Me gusta tu estilo, no lo había visto antes.
Apartaría su mano, dándose cuenta de que había pasado demasiado tiempo acariciando al "gato". Qué vergüenza, qué vergüenza... le gustaban demasiado los gatos y en cuanto le dijo eso, no pudo evitar ilusionarse.
—¡A-ah...! Encantada de conocerte, Rover. Perdona por >
Rover le miró algo extrañado. Al parecer había tomado lo de gato demasiado... Literal. Aun así, fue lo suficientemente amable como para esbozar una sonrisa en respuesta.
—Okey, okey, eso estuvo muy bien, pero no soy un gatito de mascota, más un... Tigre, tal vez. Me llamo Rover.
< las estrellas. ¿Qué tiene de peligroso algo así, Malek? —su pregunta era genuina, no entendía del todo porque estar en medio de la oscuridad con un joven que acababa de conocer pudiese ser extraño.
Seguiría mirando a las estrellas, contándolas. Había contado doce, pero suponía que habían más—la contaminación lumínica tapada el resplandor de ellas.
Al escuchar sus palabras, se giraría para observar al azabache, esbozando una media sonrisa.
—¿Por qué? Estamos viendo >
— Supongo que te confundí con alguien más.
Inclinó el mentón en un gesto leve, aceptando la conclusión sin darle más vueltas y volviendo a mirar el cielo. Si no compartían ninguno de esos lugares, entonces aquel encuentro fue una coincidencia.
— Es peligroso que estés aquí.
Iba a decir que si quiere que le acompañe pero hm, quizás suena obsceno. Además, el pensamiento de ver a Malek desnudo la hace morirse de vergüenza.
Cómo se permite tener esos pensamientos pervertidos...
( ... )
Puede esperarle fuera cuando termine. Y van a tomar algo juntos.
¡Waah, qué mono es...! Parecía un gato de verdad. Seguiría acariciándole con suavidad, esbozando una media sonrisa.
—Oye gatito, ¿cómo te llamas? Mi nombre es Alyss.
En todo momento seguía acariciándole, ensimismada en la situación. Qué adorable...
Los ojos de Rover se cerraron un poco, mostrándose relajado ante el contacto ajeno. Incluso bajó levemente el menton, echando la cabeza a su mano.
—Mmmh. Eso se siente bien...
Ya irán a buscar algunos; los gatos merecen ser salvados antes que el mundo.
< que recuperar su compostura (dignidad) en este instante. Respira hondo y mira al desconocido, ¿parecían de la misma edad?
—Uhm, buenas noches. Vine aquí porque se me dijo que era un lugar encantado...
Bueno, la gente no mentía del todo. Había un ESQUELETO LIMPIANDO PLATOS.
Casi le da un infarto.
¿Cómo que un esqueleto limpiando platos...?
Del susto, daría un pequeño salto, gritando lo suficiente como para retumbar en medio de la habitación. Encima, después apareció un desconocido detrás suya, dándole otro susto de muerte y provocando que >
La mujer terminaría siguiendo el ruido hasta el final del pasillo, donde encontraría una puerta semiabierta con luces tenues dentro. Y al abrirla...
Vería a un esqueleto lavando platos.
—Uy. ¿Me olvidé de cerrar la puerta otra vez?
Una voz habló detrás de la joven. Era +
< diese otro salto, esta vez hacia la dirección contraria del susodicho, acercándose más al esqueleto sin querer.
"Si no lo veo, no existe..." pensaría la investigadora sobre el esqueleto detrás suya, limpiando los platos.
En fin, tenía muchas preguntas y para ello, tiene >
< Estaba intentando excusarse. ¿Sería sabio marcharse? No quería molestarle y no parecía que su presencia fuese bienvenida ahora mismo.
—¿Desea que me marche, señor? No desearía... molestarle. —musita esa última frase entre susurros, vergonzosa.
Ensimismada en su escritura, ni siquiera se dio cuenta de que su jefe había llegado hasta escuchar el sonido de la puerta cerrándose de un mero golpe seco, indicando que su jefe estaba de mal humor.
—¡Ah! Señor. —se levantaría rápidamente de la silla, dejando su libreta >
poco habitual era que llegara tarde, aborrecía eso, no era alguien precisamente fanático de eso... "enojado" no era la palabra para definir su estado de ánimo pero sin duda era más cercano que "de buen humor".
acaba de entrar al despacho, allí yacía alyss, puntual.
< en el escritorio. Respondería a su pregunta, aunque lo haría con cierta reticencia—no sabía nunca por donde pillar a su jefe cuando estaba de mal humor.
—Llevo... —mira su reloj de muñeca—, veinte minutos, señor. Pero no se preocupe, he estado escribiendo en su ausencia. >