Farmacia: un pibe entra y grita:" Perdón a todos, estoy en situación de calle y tengo un hongo en un pie que no me deja caminar:alguien podría comprarme una crema genérica?". Así, exactamente así lo dijo. Unos 24 años. Seguramente hasta hace poco dormía en una pieza. Compré una.
es 2007, te pones una pollera de corderoy marrón con una remerita celeste, te pintas los ojos con sombra fantasía y te preparas para tu cumpleañito, a la mitad te van a disfrazar de panchera y cuando termine vas a repartir estas bolsitas llenas de caramelos arcor sabor banana
el loco agonizando mientras usaba sus últimos minutos de vida para asegurarse de salvarla a ella
yo a los 8 años: bueno igual le podrías haber cortado el pelo un poco mejor no
En 2002, María de los Ángeles Verón, una joven de 23 años, salió de su casa en San Miguel de Tucumán para ir a una consulta médica. Nunca llegó.
Su madre, Susana Trimarco, denunció la desaparición y esperó que la policía encontrara a su hija. Pero los días pasaron, luego las semanas, y la búsqueda parecía estancarse.
Entonces tomó una decisión que cambiaría su vida.
Si nadie iba a buscar a su hija… lo haría ella.
Susana empezó a investigar por su cuenta. Revisó expedientes, habló con víctimas y pronto llegó a una sospecha terrible: María podía haber sido captada por una red de trata.
Para acercarse a esos lugares, se disfrazó de madama. Con ropa llamativa y una historia inventada, comenzó a entrar en prostíbulos del norte argentino fingiendo que buscaba chicas para trabajar.
Así logró ver con sus propios ojos lo que ocurría dentro.
Jóvenes retenidas, muchas de ellas menores de edad, obligadas a vivir bajo amenazas. Susana memorizaba nombres, direcciones y detalles, y después denunciaba los lugares.
Gracias a su presión y a su valentía, muchas mujeres fueron rescatadas. Algunas incluso vivieron durante un tiempo en su propia casa, donde las ayudó a empezar de nuevo.
Su lucha también expuso redes de corrupción y contribuyó a que Argentina aprobara en 2008 la Ley 26.364, la primera legislación nacional contra la trata de personas.
Pero la historia tiene una herida que nunca cerró.
A pesar de todo lo que hizo, Susana Trimarco nunca logró encontrar a su hija.
Hoy, más de veinte años después, sigue luchando desde la fundación que lleva el nombre de María. Ha ayudado a rescatar a muchas víctimas y a darles una segunda oportunidad.
Y aunque el destino de su hija sigue siendo un misterio, Susana continúa buscando.
Porque hay búsquedas que no terminan jamás.
Especialmente cuando las sostiene el corazón de una madre.