Ya no me digan que él perdió. Él no perdió nada. Perdí yo. Perdí el tiempo, las ganas, la calma; perdí yo al quererlo con todo lo que tenía, al entregarle partes de mí que no suelo darle a cualquiera, al quedarme incluso cuando algo dentro de mí ya sabía que debía irme.
Mi ciclo contigo ha terminado. Ya no tengo más para ofrecerte, excepto reproches producto de mi agotamiento emocional. Me niego a continuar en una relación en la que ya no siento paz. Te dejo ir y cierro el capítulo contigo pues el amor no se debe forzar.
Cuando se te baje el ego y te alcance la madurez espero que te des cuenta de que siempre estuve para vos, incluso cuando sabía que no era sano para mi, ojala te des cuenta que fuiste muy cruel conmigo y que realmente no lo merecía, es como si me hubieras castigado por amarte.
No te preocupes, ya no necesito que cambies y perdóname por las veces que quise obligarte a quererme, ya no hay nada que salvar...
Un día entenderás por qué tardé tanto en irme...
Mi peor enemigo nunca ha sido otra persona; casi siempre he sido yo, justificando las acciones de alguien para no irme. Inventándome razones para creer que todo mejoraría, minimizando lo que me dolía y convenciéndome de que, si aguantaba un poco más, las cosas serían distintas.
Te quiero, pero ya no voy a insistir. Voy a hacer mi vida, dejar que tú hagas la tuya y si el universo decide volver a cruzarnos, que así sea. Estoy demasiado cansada, por dentro y por fuera, y ya no puedo seguir luchando.
Si el amor vuelve a encontrarme un día, espero que sea de la mano de alguien que no me haga preguntarme si soy suficiente. Alguien que no juegue con mis sentimientos, que no me haga mendigar cariño ni vivir con miedo a perderlo; un amor que me abrace el alma y me dé tranquilidad.
Suelta. Deja que marchite. Deja que se vaya. Suelta con gracia. Suelta a tiempo. Suelta así sea triste. Siempre es un alivio dejar que se vaya lo que ya no pertenece vivo.
Retírate de la misma forma en que llegaste: alegre, genuina, con buenas intenciones y en paz. Seguramente fuiste el golpe de suerte que jamás volverán a tener.