Fiel creyente de que uno de los momentos en los que uno se siente más amado en la vida adulta es cuando la otra persona hace cosas para facilitarte la vida día a día. “Yo te ayudo”, “yo me encargo”, “te colaboro”, “ocúpate de esto y yo me ocupo de lo demás”
Mi lenguaje de amor es estudiarte hasta que me sepa de memoria cómo tomas el café, qué canción pones cuando estás triste y por qué te ríes de cosas que nadie entiende. Conocerte tanto hasta que parezca que te inventé yo.
Me pesa cuando la rutina adulta me absorbe tanto que ya no queda espacio para lo que amo; y cuando por fin hay tiempo, el cansancio mental y físico es tan grande que lo único que quiero es silencio y cama.