🚨 MOMENTO EXACTO en que Timothée Chalamet perdió el Oscar a mejor actor ‼️😱
En una de las sorpresas más grandes de la noche, el actor Michael B. Jordan ganó el Óscar a Mejor Actor gracias a su interpretación en Sinners.
Trump bromea con Marco Rubio diciéndole que lo va a despedir por hacer las cosas tan bien y hacerlo quedar mal a él 😂 https://t.co/SqdnLrH1Hd
"¡Marco, no lo hagas mejor de lo que hiciste, por favor! ¡Si lo haces, te vas de aquí!"
"Marco lo hace con guante de seda, ¡pero es un éxito!"
"Te hiciste un favor en Múnich. De hecho, tan bien que casi lo despido. Porque dijeron: "¿Por qué Trump no puede hacer esto?". ¡Yo sí! Pero lo digo de otra manera."
El fenómeno Therian no es nuevo. Es un castigo bíblico. Se puede ver en el libro de Daniel, y se lo aplicó Dios a Nabucodonosor por sus delitos. Pasó siete años sintiéndose y comportándose como un animal, comiendo pasto.
Según el relato bíblico del Libro de Daniel, el rey Nabucodonosor pasó por una transformación drástica debido a su orgullo. Aquí tienes los detalles sobre lo que le ocurrió:
Años como "animal": Nabucodonosor pasó siete años (mencionados en la Biblia como "siete tiempos") viviendo como una bestia del campo. Durante este periodo, se dice que comía hierba como los bueyes, su pelo creció como plumas de águila y sus uñas como garras de ave.
Su sanación: Sí, al finalizar ese tiempo, el rey recuperó su cordura. El relato indica que volvió a su estado normal cuando "alzó sus ojos al cielo" y reconoció la soberanía de Dios sobre todos los reinos de la tierra. Tras esto, no solo recuperó su juicio, sino que fue restaurado en su trono con mayor gloria que antes.
¿El primer "therian"?: Si bien el término moderno therian se refiere a personas que se identifican espiritualmente como animales, el caso de Nabucodonosor se clasifica históricamente y médicamente como boantropía (un tipo de zoantropía clínica). Esta es una rara condición psicológica en la que una persona cree ser un bovino y actúa como tal. Aunque su historia es de las más antiguas sobre una persona viviendo como un animal, se considera una lección teológica o una condición médica más que una identidad propia del movimiento therian actual.
Pero a mi no me engañan: esto es un castigo divino.
🚨| ÚLTIMA HORA: RFK Jr. le dice al presidente Trump que está "haciendo el trabajo de Dios" después de que Trump dijera que no está muy seguro de que irá al cielo. ¡Trump sonrió de oreja a oreja!. "No creías que ibas a llegar al cielo. Estás haciendo la obra de Dios aquí."
Somos esa generación que no regresará.
Crecimos con los zapatos llenos de polvo, las rodillas raspadas y el corazón apurado,
no para mirar una pantalla,
sino para terminar la merienda y salir corriendo a la calle — donde lo único importante era un balón y unos amigos.
Éramos los que volvíamos caminando del colegio,
hablando en voz alta o soñando en silencio,
con la mente ya en el próximo juego, en la siguiente aventura,
entre un agujero en la arena y un secreto susurrado tras una esquina.
Un palo podía ser una espada,
un charco se volvía un mar por conquistar.
Nuestros tesoros eran canicas, cromos, barquitos de papel.
Y el cielo, nuestro único límite.
No teníamos copias de seguridad, solo recuerdos en la mente y en los carretes fotográficos.
Las fotos se tocaban, se olían, se guardaban en cajones —
junto a cartas escritas a mano,
postales de los abuelos,
y dibujos de colores que los padres guardaban como joyas.
Llamábamos “mamá” a quien curaba nuestras fiebres,
y “papá” a quien nos enseñó a andar en bicicleta.
No hacía falta más.
Por las noches, bajo las mantas,
hablábamos bajito con el hermano en la cama de al lado,
riendo por tonterías,
con miedo de que algún adulto escuchara y apagara ese pequeño mundo de complicidad.
Esa generación se está yendo, poco a poco,
como una fotografía que pierde color,
pero que nadie quiere tirar.
Nos alejamos en silencio, llevando una maleta invisible:
el eco de las risas en la calle,
el olor del pan recién hecho,
las carreras sin sentido
y esa libertad que no conocía notificaciones.
Fuimos niños cuando aún se podía serlo.
Y tal vez, esa sea nuestra mayor fortuna.