El 19 de enero me atendieron en el Servicio de Urgencias del hospital @HUnivValdecilla (HUMV).
Siempre tuve una experiencia excelente en el HUMV: profesionales y medios de primer nivel. Para mí, el hospital es un orgullo colectivo.
Aquella tarde, sin embargo, me atendió una doctora que cometió graves irregularidades.
Yo tenía una brecha sangrante en la cabeza, pero al ver cómo se estaba desarrollando el episodio quise marcharme para que me atendieran en otro sitio.
La doctora, sin embargo, me impidió por la fuerza abandonar el hospital, pues quería que me sometiera a unas pruebas que yo no consentía.
Esta fue una primera irregularidad, pues un paciente tiene derecho al alta voluntaria¹, incluso en contra del criterio del médico. Retenerme contra mi voluntad fue, en mi opinión, una detención ilegal.
Lo peor, sin embargo, estaba por llegar:
La doctora entró al box con varios celadores y enfermeros y me ataron con correas a la camilla. Aquello me resultó absolutamente humillante, y así lo expresé. Me estremezco mientras lo escribo, pero no os imagináis la angustia e indefensión que siento mientras escribo estas líneas.
Tras inmovilizarme de pies y manos yo me negué en redondo a someterme a ninguna prueba y pedí marcharme. La doctora, sin embargo, me amenazó con hacerme las pruebas «por las buenas o por las malas». Yo puse mi teléfono a grabar y respondí que eso era ilegal y que iba a denunciarla.
Un rato después la doctora regresó al box acompañada de una enfermera y dos vigilantes de seguridad. Me dijo que iba a sacarme sangre «sí o sí». Yo repetí que no consentía esa extracción. Entonces se acercó y pude leer su nombre en su uniforme. Lo tengo grabado en el móvil.
Atado de pies y manos no pude evitar, claro, que me extrajeran varios tubos de sangre, mientras yo repetía todo el rato que no consentía aquello y que les iba a denunciar.
Quizá desde fuera no se entienda, pero estoy temblando mientras escribo esto, angustiado y con ganas de llorar. Me tenían inmovilizado y herido y entre cuatro —dos de ellos, vigilantes de seguridad— me forzaron un procedimiento médico. Esto es absolutamente ilegal² y, en mi opinión, un delito de coacciones.
Llevo desde enero teniendo pesadillas con esto, y a veces me despierto de noche gritando, evocando el box, las correas y la doctora. Igual desde fuera no se entiende, pero yo lo viví así y aquello me tiene roto desde entonces.
Yo decía todo el rato —e insisto, está grabado— que me sometería voluntariamente a las pruebas si me soltaba, porque que no accedería estando atado, pues me sentía vejado y humillado. Pero no sirvió de nada, y la doctora me tuvo más de cuatro horas así.
Yo pedía continuamente agua, porque la pérdida de sangre provoca, por lo visto, mucha sed. Me acercaban un vaso de plástico y lo rellenaban muchas veces, porque me moría de sed.
Al cabo de una rato expliqué que necesitaba orinar, pero no me dejaban ir al servicio. Me dijeron, literalmente, «puedes aguantar más».
Un rato después la doctora regresó al box y me entregó una pastilla. Me dijo que me dejaría ir al servicio si me la tomaba. Yo pensé que quería drogarme para que me sometiera a lo que rechazaba y, naturalmente, la tiré a una papelera.
Cuando ya no podía retener la orina más, me trajeron un recipiente para que orinara en él, pero atado de pies y manos a la camilla. Aquello me pareció el colmo de la humillación e indignidad, y así lo expresé. Le dio igual.
Tras varias horas así, la doctora regresó, me pusieron un aparato eléctrico a los pies de la camilla y ordenó que me llevaran a otra estancia. Yo sentí pánico mientras me llevaban y pregunté qué era aquello. Me dijo, literalmente, que no era asunto mío, y que yo hacía demasiadas preguntas.
Ya en la otra estancia la doctora se marchó y me dejó con otro médico. Eso me tranquilizó mucho, porque yo tenía miedo a la doctora que me había atado y amenazado. El nuevo médico era muy amable, me soltó y entonces me sometí voluntariamente a un TAC en la cabeza. Tenía la camisa, el cuello y las manos llenas de sangre (la foto de abajo es después de que me limpiaran la mano).
Ya liberado, me devolvieron al box y vino otro doctor diferente, igualmente muy amable, que me explicó que no había signos de lesión interna y que me suturarían la herida. Accedí.
Al marchar me entregó el informe de alta. Comencé a leerlo y yo no daba crédito a lo que leía: ponía que yo había bebido «una botella de vodka» (¡falso!) y que acudí al hospital por «violencia y agresividad» (¡absolutamente falso!).
Yo creo, aunque no puedo probarlo, que la doctora introdujo esas falsedades tras decirle que la iba a denunciar. Quizá borró su nombre del informe clínico por la misma razón, pues el nombre de los otros médicos sí aparece en él.
Leer las falsedades del informe me dolió tanto como lo vivido en el box. Destruí el papel allí mismo y me fui. Cuando llegué a casa, estaba roto.
Tardé días en procesar todo. Pensé que una forma de repararlo sería explicar al hospital lo sucedido y poner una denuncia formal contra la doctora. Registré un escrito y lo envié al HUMV.
El hospital me contestó dos meses y medio después³. Decían que yo había consentido la extracción de sangre, y no me facilitaron ni la documentación que solicitaba ni la identidad de la doctora. Esto es otra irregularidad⁴.
Me sentí insultado. Estaba convencido de que el HUMV lo investigaría y me ampararía, pero no hicieron nada.
Entonces aprendí que puedo acceder a mi historia clínica digital. La ley dice que el nombre de la doctora y la enfermera tienen que aparecer en ella. ¡Pero ni rastro de ambas! Otra irregularidad⁴.
Revisando mi historia clínica, sin embargo, encontré algo que me hizo literalmente llorar: ¡la doctora había ordenado un test de drogas sobre una muestra de orina que tomó del recipiente que me entregó!
Yo no tenía ni idea de eso. Nunca me sometí voluntariamente a ningún test de nada. Pero ella tomó subrepticiamente una muestra de mi orina y ordenó analizarla sin mi consentimiento y sin informarme. ¡Esto es completamente ilegal!²
Además, ocultó del informe clínico el resultado del test. ¡Si no llego a consultar mi historia clínica, nunca me hubiera enterado! Cuando pienso en todo esto, se me saltan las lágrimas.
El test, naturalmente, dio negativo para todas las sustancias ilegales (yo nunca he consumido ninguna droga).
Una noche, en otra de las pesadillas que recurrentemente tengo, me acordé de que tenía todo registrado en el teléfono y salté de un bote de la cama. ¡Estaba tan traumatizado que me había olvidado!
En las grabaciones tengo el nombre de la doctora, pues lo leí de su uniforme. Entonces lo busqué en el directorio del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, así como en varios colegios territoriales, pero nada. ¡No hay en España ningún médico colegiado con ese nombre, ni otros parecidos que he probado!
Registré entonces (abril) un segundo escrito ante el HUMV. Pero nadie respondió. Envié varios correos electrónicos pidiendo conocer la identidad de la doctora y acceder a la documentación del episodio.
A día de hoy nadie me ha contestado.
Se me ocurrió pedir amparo a la instancia superior, el Servicio Cántabro de Salud. El 28 de abril registré un detallado escrito de ejercicio de derechos en materia de protección de datos personales ante el @SCSalud. Las muestras biológicas —sangre, orina—, son datos personales.
El RGPD dice que el SCS tiene un mes para contestar. Sin embargo, han transcurrido más de dos y no han contestado. Esto es otra irregularidad.⁵
Ante este nuevo incumplimiento del SCS, escribí a su Delegado de Protección de Datos, pero este me remitió de nuevo al SCS.
Entonces se me ocurrió presentar un segundo escrito pidiendo la identidad de los médicos que accedieron a mi historia clínica aquel día, pues en el registro de accesos tiene que estar la identidad de la doctora.
Pero me respondieron que «por protección de datos» no me lo pueden dar. Una ley estatal y otra autonómica me otorgan derecho explícito a conocer la identidad de la doctora que me atendió aquel día⁴. Pero se amparan en la vaga excusa de la protección de datos para vulnerar mi derecho.
Me queda poner una reclamación ante la AEPD. Pero si la estimaran no habría ninguna sanción, pues las Administraciones públicas solo pueden ser apercibidas. No pasa nada.
Tras esta penosa penitencia os podéis imaginar qué confianza me queda ya en el sistema público de salud: ninguna.
Sintiéndome totalmente desamparado, y tras meses de escritos y esperas, llamé por teléfono al HUMV y pedí hablar con el director médico del hospital. Pero me dijeron que no me podían pasar con él. Pedí entonces hablar con el director gerente, y me pasaron con un contestador automático.
Con las tripas revueltas por todo esto, hace más de un mes hice de ellas corazón y acudí al HUMV y me puse frente a la puerta del despacho de la responsable del Servicio de Atención al Usuario hasta que conseguí hablar con ella.
La responsable fue muy amable y me escuchó con atención. Luego me dijo que se interesaría por mi caso y me contestaría «en unos días». Le di aliviado las gracias y volví a casa. Estuve dos días destrozado.
Pero ha transcurrido más de un mes de aquel último cartucho y nadie en el HUMV ni el SCS me ha contestado. Estamos en julio y nadie me dice la identidad o el número de colegiación de la doctora que me atendió en enero. Pronto se irán de vacaciones. Agosto es inhábil en muchos sitios.
A estas alturas, comienzo a sospechar que la doctora que me atendió no está colegiada, lo que sería gravísimo.
Yo reclamo saber la identidad de la doctora para interponer una denuncia contra ella, pero tras cinco meses y pico de gestiones, ni el HUMV ni el SCS contestan mis escritos.
Cada vez que paso por delante del hospital me entran ganas de llorar. Siento miedo y angustia cuando veo a un médico, porque vuelven a mi cabeza aquellas largas horas inmovilizado, herido, amenazado y forzado.
Y cuando he pedido amparo por los cauces formales, siento que se despliega contra mí otra violencia, que es la institucional.
La semana pasada ya no pude más y me empadroné en Bilbao. Yo vivo en Santander, pero a raíz de todo esto empecé a pensar en marcharme de Cantabria, porque cada vez que veo el HUMV o la sanidad cántabra, me rompo por dentro. Cambiando de domicilio puedo usar el sistema vasco de salud, que es diferente.
Hoy, sin embargo, he comprobado que no puedo pedir cita médica ni en la sanidad cántabra ni en la vasca: ninguno de ambos sistemas me reconoce como usuario. Estoy en un limbo.
Escribo esto para pedir auxilio. Y porque ya no me quedan más recursos. He dirigido escritos, realizado llamadas y hablado con todas las personas a mi alcance. Pero el sistema público incumple sus propias normas y conculca mis derechos.
Solo me queda publicar esto y preguntar si tengo algún amigo en el HUMV que, desde dentro, me pueda facilitar la información a que legalmente tengo derecho.
Si es así, en privado le facilitaré el nombre que la doctora portaba en su uniforme.
___
¹ Art. 21 de la Ley 41/2002.
² Art. 8 de la misma ley.
³ La instrucción 1/2008 de la Dirección General
de Ordenación, Inspección y Atención Sanitaria de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Cantabria establece un plazo de un mes.
⁴ Art. 5.1 de la Ley 44/2003, art. 36.1 de la Ley 7/2002 de Cantabria y art. 14.1 de la Ley 41/2002.
⁵ Art 12 del RGPD.
Y, en este sentido, quiero señalar que se nota y aprecia el esfuerzo de, por ejemplo, la Seguridad Social, pues tanto su portal Importass como sus comunicaciones administrativas han mejorado notablemente en los últimos años.
Gracias, @info_TGSS. ❤️
La profesión tecnológica, como todas, está plagada de tecnicismos y especificidades, pero al cliente y al mercado te diriges en su idioma, no en tu jerga.
De igual modo, los servicios públicos han de diseñarse y comunicarse en lógica ciudadana, no en lógica de la Administración.
Estoy intentando algo loquísimo:
👉 Ver todos los mensajes que me ha enviado un organismo público.
Algo rarísimo, ¿verdad?
Acudo a la Dirección Electrónica Habilitada Única (DEHú), y mis mensajes aparecen separados en dos buzones distintos:
— Notificaciones
— Comunicaciones
¿No puedo ver todo junto, en un único buzón? Pues no. Cada vez que entro tengo que revisar siempre dos buzones diferentes.
Entiendo que es diferente una «notificación» y una «comunicación», pero la inmensa mayoría de autónomos y pymes recibimos unos pocos mensajes en la DEHú. ¿No sería más claro mostrarlos todos juntos en un solo buzón?
Lo peor, sin embargo, está por llegar:
👉 No puedes ver, por ejemplo, «todos los mensajes desde 2023». El buscador permite filtrar por un rango de fechas, pero si indicas un rango de más de 30 días, da error.
¡Tal cual, amigos! 😭
Si estás buscando una notificación antigua pero no sabes exactamente de cuándo es, tienes que hacer muchas pequeñas búsquedas, seleccionando un estrecho rango de fechas cada vez. 🥹
Ni siquiera puedes ver todas tus notificaciones de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre o diciembre, porque estos meses tienen 31 días, y la DEHú no es capaz de mostrar más de 30.
Como no doy crédito a lo que veo, pienso que soy yo, que me he vuelto senil o ando haciendo algo mal. Así que pregunto a Ada, «el asistente virtual».
Sudores fríos.
¡Nunca en la vida un «asistente virtual» de la Administración pública me resolvió nada! ¿Será distinto ahora?
Pruebo y… Ada no entiende mi pregunta.
Todo esto no me duele por mí. Me duele por los millones de pymes y autónomos que están igual y no tienen el altavoz con 130 000 seguidores que tengo yo para decirle respetuosamente al ministro de Transformación Digital, @oscarlopeztwit, que quiero ver a gente de su equipo en prisión.
¡Somos un país muchísimo mejor que toda esta basura!
Gracias por tanto, Gobierno de España. ❤️
¿Sabías que Joaquín Sabina tuvo que pagar la factura de un club de alterne a un abogado de Bilbao por culpa de una figura del Derecho Romano? Abro hilo para explicar cómo la "Magdalena" se convirtió en una obligación jurídica real. 👇 #DerechoRomano
🎤 Lichis recorre pequeños clubs y salas de nuestro país con su guitarra. Pero hubo un tiempo en el que miles de personas corearon sus canciones.
Vuelve a ver 'Antihéroe. Lichis: Incertidumbres de una cabra mecánica' de @Impres_TVE
https://t.co/LZzQXcDM0Q
@Lichis_oficial es un grandísimo artista que nos ha regalado canciones atemporales en todos sus proyectos. Un honor haber compartido ratos de barra, camerino y escenario con él (¡brindo por muchos más!).
El documental es buenísimo, merece la pena verlo.
Ayer.
El padre de mi amiga, 80 años, vasco en Palencia, cae y se abre la cabeza.
Traumatismo craneoencefálico, hemorragia y traslado urgente en ambulancia al hospital provincial.
—¿Qué medicación toma?
—No estoy segura, ¿no puede mirarlo usted en su historia clínica?
—No; no tenemos acceso.
Literal.
Yo sé que hay un proyecto del SNS para compartir la historia clínica entre los servicios autonómicos de salud. He leído memorias e informes sobre eso. He utilizado el servicio HCDSNS. Pero, ¿en el hospital de Palencia no pueden consultar la historia de un paciente de Bilbao?
El hombre, inconsciente, postrado en una camilla, y el médico no puede acceder a su historia clínica. ¡Qué puñetera vergüenza de país!
Le hacen pruebas y analíticas. Días después, mi amiga gestiona un transporte urgente en ambulancia hasta Bilbao.
Pero necesita llevar a Osakidetza los resultados de las pruebas médicas —varios TAC, analíticas…— que hicieron a su padre en Palencia.
Dicen que no lo pueden enviar por correo electrónico.
Dicen que no se lo pueden guardar en un pendrive.
Al final le guardan los resultados… ¡en un puñetero CD-ROM!
Llega ayer mi amiga agotada y angustiada a mi casa —en Santander—, desde Palencia, pidiéndome leer el CD-ROM del Servicio de Salud de Castilla y León (SACYL) para enviarlo por email al médico del Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) y después salir corriendo otra vez en coche hacia Bilbao.
De verdad, ¡idos todos a la mierda!
De viaje en Valladolid, a mi suegro se le ha movido un stent y tienen que hacerle un cateterismo, pero no pueden acceder a su historial médico, gestionado por el Sergas gallego. Como si estuviera en un país extranjero.
No sé como alguien puede justificar este disparate.
Domingo, 17:30.
Acabo de llegar a Santander. Voy a pasar los próximos 7 días encerrado en casa, solo y en chándal, enchufado a GPT 5.5 y Opus 4.7.
Mi único esfuerzo socializador durante este tiempo va a ser abrir la puerta al repartidor de Glovo. Que uno sabe cocinar datos, pero no viandas.
Desarrollaré la mejor herramienta del país para explorar contratos públicos o un glaucoma, lo que suceda primero.
Autism maxxing!
👋 ¡Hola, ministro @oscarlopeztwit!
Estará usted ya harto de mí. 😃
Y yo del software que desarrolla su ministerio, así que… ¡empate! 🙃
Le explico la yincana de hoy:
Para facturar al sector público proporcionan ustedes un servicio de generación de facturas electrónicas: ✨MiFacturae✨.
Lo primero que quiero decirle y agradecerle es que MiFacturae ha mejorado muchísimo. Pero, sin pretender un demérito, también le digo que empeorarlo era imposible.
El nuevo MiFacturae solo tiene ahora un problema: ¡no funciona!
Se lo explico:
Para facturar a un organismo público hay que identificarlo con —que yo sepa— cuatro datos:
1️⃣ Oficina contable
2️⃣ Órgano gestor
3️⃣ Unidad tramitadora
4️⃣ Órgano proponente
Pues bien: MiFacturae omite de la factura electrónica este último dato, el órgano proponente. De modo que al remitir la factura al FACe, falla y es rechazada.
Esto seguramente esté robando miles de horas productivas mensuales a ciudadanos, empresas y organismos públicos.
Si desarrollaran su software en abierto yo podría reportar esto directamente al equipo de desarrollo, como ya hice en abril con dos problemas serios en Autofirma.
Pero como no lo hacen, le tengo que molestar a usted. O a su responsable de comunicación, que será —con suerte— el que quizá lea esto. Porque yo como ciudadano no tengo otro camino para canalizarle la frustración ciudadana con la Administración Electrónica estatal.
…Y pedir a mis pacientes seguidores, si son tan amables, que redifundan esto, pues es la única esperanza de que llegue a alguien en su ministerio —o en la AEAD o donde diablos sea— con capacidad de mover un dedo para resolverlo.
Saludos cordiales,
— Jaime
I HAVE A DREAM.
— Una casa rural con wifi
— Media docena de autistas
— La PLCSP, el BOE y el BORME
— Barra libre de tokens
— Una semana encerrados en chándal
Hoy hace 17 años nos dejaba un poeta. Pero no uno cualquiera.
Era un gigante de la palabra, cuyo brillo no pudo ser apagado ni por su más doliente y humana fragilidad.
Hoy, en un homenaje especial de #LaHistorietaMusical, quiero dedicarle unas palabras a Antonio Vega.
@JaimeObregon@arturorivasa@mintradigital@SEtelecoGob Por aquí otro más. Autofirma me destrozó el llavero de mac entero hace un mes. Por suerte tenía una copia de seguridad a mano, y pude restaurarlo.
Pensé en contactarles, por si sabían algo, pero luego dije: para qué...
Un desarrollador danés, flipando con Autofirma, deja un educado comentario en el repositorio de desarrollo.
Es imposible explicarlo mejor:
«En el sector privado, lanzar software en este estado supondría un fracaso comercial inmediato. El hecho de que esta aplicación sea obligatoria para los ciudadanos españoles no exime al equipo de desarrollo de cumplir con los estándares modernos de seguridad y distribución. Exige estándares más altos, no más bajos».
¡Necesitamos más software de código abierto en la Administración pública!
La degradación moral de la política —que atestiguamos a diario en actitudes, zascas y tribunales— ha expulsado de lo público a las personas más rectas, preparadas e inteligentes.
¿Quién, en su sano juicio, detraería energías de su camino profesional y vital para descender al ruido, a la reyerta perpetua, e implicarse en lo colectivo?
Todo mi aprecio a quienes lo han hecho pero, por cada uno de ellos, el zeitgeist político vigente repelió a nueve.
Nuestro país —el que legaremos a nuestros hijos— no lo salvará otro partido, otro mesías. Solo lo salvará que seamos capaces de atraer de nuevo hacia lo público a las personas más rectas, preparadas e inteligentes que en las últimas décadas hemos reemplazado por hinchas y mediocres.