Cristo, tú sabes lo que significa ser traicionado por alguien cercano.
Por eso hoy pongo delante de ti esta herida. No quiero fingir que no me dolió. Me dolió porque confié. Me dolió porque amé. Me dolió porque jamás pensé que esa persona utilizaría mi vulnerabilidad contra mí. Sana mi corazón, pero no borres la lección.
Ayúdame a perdonar sin regresar a lugares donde mi alma fue destruida. Enséñame que el perdón libera mi corazón, pero no siempre reconstruye el acceso. Líbrame de la amargura, de la obsesión por vengarme y del deseo de ver caer a quien me lastimó. Yo no quiero convertirme en aquello que me hirió.
Devuélveme la capacidad de confiar, pero acompáñala de discernimiento. Que esta traición no me vuelva frío, cruel o incapaz de amar. Haz justicia como solamente tú sabes hacerla. Y mientras tú te ocupas de lo que no puedo controlar, ayúdame a reconstruir lo que sí está en mis manos.
Amén.
#danielhabif
Creciste aprendiendo que portarte bien significaba caber, y que caber significaba tragarte lo que dolía con tal de no incomodar a nadie. Por eso hoy, cuando algo dentro de ti pide aire, la culpa llega antes que el deseo y se sienta a vigilarte como un padre que nunca te enseñó a quererte sin condiciones. Una de las peores formas de traición es: La culpa, porque te convence de que cuidar tu propia vida es un agravio contra quienes te amaron a su manera. Tienes que mirar de frente esa voz que confunde tu libertad con una ofensa, entender de dónde aprendió a hablarte así, y empezar, despacio, a desobedecerla. El día que dejes de pedir perdón por existir vas a descubrir cuánta tierra fértil había debajo de tanto miedo.
#danielhabif