No importa en absoluto el cajón ocupado o vacío. La despedida es un homenaje. Puede ser ante el cuerpo, un cajón de utilería, una foto o un monolito. Es el acto, es el cierre, es el ritual.
No pretendo que lo comprendan los imbéciles, los que no sienten, los que desconocen la pasión, los que respiran sin vivir, pero hay que aclararlo. Siempre hay que aclararlo.