Los Premios de la Música han rendido homenaje esta noche a Robe en el inicio de la gala con Fito Robles, Rafael Riqueni, Lela Soto, Walls y Xoel López.
Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
A. Gramsci
Cuando tú estabas con el biberón, @OskarMatute, se jugaba la vida hablando de ETA, cuando asesinaba.
Estás haciendo un buen currículum para ser parte del mal.
Ayuso te espera.
¿Sabéis por que la batalla lógica y moral está perdida contra la derecha?
Por que las construcciones injustas, las desigualdades, y la inmoralidad no les despiertan sentimientos negativos y quieran cambiarlos, les despiertan ganas de lucrarse ellos de las desigualdades.
Que si los Whatsapps de Feijoo, que si ha mentido, que si dimisión... les van a votar igual, la cosa es que si tú te vas a quedar en casa o no en las elecciones.
La cuñadez de no querer impuestos se cura en la planta oncológica de un hospital público y la fascistada de no querer pensiones se quita estando realmente jodido y que lo único que te separe de quedarte en la puta calle o no sea la pensión de tu abuelo.
Hospitales de gestión privada aumentando las listas de espera para ganar más dinero, colegios privados regalando títulos, residencias privadas sin enfermeras y con la peor comida del mundo, empresas de distribución subiendo los precios de los alimentos básicos, fondos buitre echando a la calle a nuestras familias para hacer pisos turísticos, servicios de emergencias externalizados sin medios para las emergencias que colapsan, como en Valencia, servicios de bomberos externalizados que despiden a bomberos forestales para ahorrar... pero lo privado funciona mejor.
No, «meterse una raya» no destroza una vida. Tampoco lo hace un cubata o un cigarrillo, que estadísticamente resultan mucho más dañinos. Estas campañas no sirven para nada. (Y da igual el partido.)
Tomamos drogas por motivos claros: saben bien, desinhiben, euforizan, te hacen sentir parte de un grupo o te permiten evadirte… o todo a la vez. Por eso se consumen. El problema añadido es que algunas tienen un potencial adictivo altísimo.
Cuando un joven fuma, bebe o se mete una raya y ve que «no pasa nada» —y encima se divierte con sus amigos—, esas campañas pierden toda credibilidad y, es mi opinión, lo empoderan: «Qué chorrada de campaña; yo controlo».
Invertamos el dinero público en desmontar la cultura de la droga socialmente aceptada entre los jóvenes —ya sea un lexatín, una raya o un cigarrillo—, en buscar las causas y en promover alternativas saludables con efectos positivos demostrados, con un planteamiento epidemiológico. Recordemos sus consecuencias reales para la salud y su capacidad de generar dependencia.
Esto es todo un reto en un país en donde hay gente que toma un vino/cerveza a diario (o cuatro cubatas cada finde) y cree que no tiene ningún problema con el alcohol.