Orgulloso de ser chileno, amo mí país, sus emblemas y sus tradiciones, NO milito en ningún partido, honro y lloro con una sola camiseta, la de la Roja.
SE CONFIRMA QUE ESTUVIMOS EN PROCESO DE GUERRA POR AGENTES EXTRANJEROS CON APOYO DEL COMUNISMO Y FRENTE AMPLIO
PERIODISTA MÓNICA GONZÁLEZ PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO 2019. FUNDADORA Y PRESIDENTA DE CIPERCHILE
LA TESTIGO QUE NO DEBÍA DECLARAR
Hay un principio elemental en la valoración de la prueba: el testimonio que más pesa no es el del aliado, sino el del que declara contra su propio campo. Por eso lo ocurrido el 11 de agosto en la Cámara de Diputados merece mucho más que el titular de un día.
Ante la comisión especial que investiga el 18-O, Mónica González reveló que, horas antes de que el Presidente Piñera declarara al país en guerra contra un «enemigo poderoso», fuentes de inteligencia lo alertaron sobre supuestos agentes cubanos y venezolanos ingresados por la frontera con Bolivia para derrocar su gobierno. Piñera pidió el respaldo documental. Nunca llegó. El propio ex mandatario y su ministro de Defensa, Alberto Espina, se lo confirmaron a ella: solicitaron la evidencia y jamás la recibieron.
Conviene detenerse en quién entregó ese antecedente. No fue un dirigente de Chile Vamos buscando exculpar a su gobierno. Fue la fundadora de CIPER, Premio Nacional de Periodismo, militante de las juventudes comunistas en su origen, reportera de Cauce y Análisis durante la dictadura, exiliada tras el golpe. Currículum que cualquiera puede revisar. Es decir: la persona con menos incentivos del mundo para llevar información que complica el relato de que aquello fue un estallido espontáneo y que la única responsabilidad estaba en La Moneda.
Y sin embargo fue. Y lo dijo bajo el formato más incómodo posible: una comisión creada por la derecha, en un Congreso que semanas antes había aprobado condenar el intento de «golpe blando» de octubre de 2019. Un ambiente que no le ofrecía ninguna ganancia política y sí bastante costo entre los suyos.
Cuando eso ocurre, hay que preguntarse qué pesó más. La respuesta razonable es la única que su trayectoria admite: el oficio. Cuarenta años verificando antes de afirmar terminan produciendo una lealtad más fuerte que la ideológica, y esa lealtad la llevó a decir en el Congreso lo que sabía.
Pero conviene no confundir lo que dijo con lo que sabe. Lo declarado es la punta: existieron informes de inteligencia sin sustento que llegaron al escritorio presidencial y empujaron al país al borde de una decisión militar. Alguien los produjo. Alguien los hizo circular. Nadie los respaldó jamás. Esa es la pregunta que la comisión tiene la obligación de perseguir hasta el final, y que ningún testigo, por prestigioso que sea, puede responder solo.
Cuando quien no tiene motivo para hablar habla, la sociedad tiene motivo para escuchar. Y para investigar hasta el fondo.