‼️EXTRA‼️ Resulta que el Narcodetector no frenará el registro de un candidato con “alerta”, porque no es vinculante; es decir, puro gatopardismo.
Pero era de esperarse, porque no se pueden conculcar derechos con fórmulas creadas de botepronto.
https://t.co/43tV7T5Kl1
Claudia Sheinbaum suele ser contenida en sus movimientos de manos.
Por eso, cuando aparece el manoteo, no está explicando: está reaccionando.
Es el cuerpo intentando sostener
lo que el argumento ya no puede.
#LenguajeSinPalabras
Les quiero PEDIR un FAVOR GIGANTE:
En este hilo de 10 Videos les relato lo que yo vi, escuché, sentí y viví ayer
No dejen que solo quede la versión manipulada y mentirosa del Narco Régimen
¿Me ayudan a compartirlo completo? ES DE USTEDES! Compártanlo 🙏🏻👇🏼
Les agradezco con todo el corazón sus afectuosas felicitaciones, hoy, día de mi cumpleaños 🥳
Llego a los 58 años bendecida por Dios, por regalarme la gracia de la fe, la vida y el amor 💖
Excelente intervención de @MajoGMHP en la audiencias de la reforma electoral.
Otra joven de @SomosMxMexico que exhibe la farsa, denuncia las intenciones autoritarias, recuerda la espuria mayoría calificada y propone.
Todo en la cara de @PabloGomez1968
Empiezan a surgir liderazgos de diversos frentes. Estudiante de la Facultad de Derecho puso en su lugar a Hugo Aguilar Ortiz. @SCJN se quedó chato el chaparrito.
Materialmente me encantó esta ingeniosa definición de chingadera. Imposible dar con palabras más nuestras, más mexicanas. Su profundidad es asombrosa. ¿Qué es una chingadera ultramoderna?
En honor a la memoria de Carlos Manzo (Uruapan), Bernardo Bravo (Apatzingán) y Alejandro Torres Mora y su esposa (La Ruana) — PRESENTES —, así como de los cientos de mexicanos que día tras día pierden la vida o desaparecen en nuestra patria, hago este llamado urgente:
Nos duele ver un México donde la muerte se vuelve rutina.  No podemos seguir aceptando que el miedo sea parte de nuestra cotidianidad. No podemos seguir viviendo en un país donde los delincuentes deciden cuándo vives y cuándo no vives, mientras el Estado mira, a media luz, con promesas vacías.
Mi más sentido pésame a las familias de las víctimas. Pero debemos convertir este dolor en compromiso. Este México que queremos exige un YA BASTA colectivo — ya basta de ver los cuerpos, ya basta de que las fosas se sigan llenando, ya basta de la impunidad que perpetúa el horror.
Por eso propongo tres líneas de acción concretas que, sin dilación, debemos empujar todos los días:
1.Inyección urgente de recursos públicos reales hacia la seguridad. El dinero de los mexicanos debe ir donde están nuestras prioridades: fortalecer las policías municipales, estatales, las fiscalías estatales y federales así como el Poder Judicial. Basta de despilfarrar en proyectos faraónicos e inútiles mientras la ciudadanía vive en jaque.
2.Romper de una vez por todas el pacto de impunidad entre la política y el crimen organizado. No pueden seguir en la escena pública quienes han beneficiado o tolerado estructuras criminales. Mientras esos nombres queden impunes, las declaraciones no sirven de nada. El robo del huachicol —cerca de 500 mil millones de pesos— no es una cifra abstracta: es dinero que dejó de usarse para el fortalecimiento de la seguridad pero sí para el de los criminales.
3.Giro decidido a la política económica para generar oportunidades reales y empleos para los mexicanos y en especial los jóvenes. Una economía que crece por debajo del 1 % al año es una economía que condena al estancamiento y al miedo. Debemos crear empleos, abrir puertas al emprendimiento, y construir un entorno próspero y en paz.
Exijamos castigo ejemplar para los servidores públicos vinculados con el crimen organizado: estos traidores a la patria no deben seguir ocupando espacios de poder.
Hoy, nos ponemos de pie. Hoy, exigimos. Hoy, nos obligamos a construir un México donde la seguridad no sea el privilegio de unos pocos, sino el derecho de todos. La dignidad de los mexicanos así lo reclama. Y nosotros, los ciudadanos, no vamos a ceder.
Ayer la vimos improvisar: “¿qué sugieren?”
Hoy presenta su “Plan Michoacán por la Paz”.
Nada como una crítica pública para enfriar la emoción, aunque el plan siga sonando improvisado.
#ULTIMAHORA ��️ Nuevo golpe al bolsillo.
En 2026 el gobierno hará que las aseguradoras paguen IVA por cada siniestro, y ��adivina quién lo va a pagar al final?
Tú. 💸
Las primas de seguros de auto y gastos médicos subirán hasta 20%, justo cuando la salud y la seguridad pública están peor que nunca.
El SAT quiere recaudar más… aunque eso signifique que miles de familias ya no puedan protegerse.
🎧 Mira el video completo
A message from a Kindergarten teacher:
After forty years in the classroom, my career ended with one small sentence from a six-year-old:
“My dad says people like you don’t matter anymore.”
No sneer. No malice. Just quiet honesty — the kind that cuts deeper because it’s innocent. He blinked, then added, “You don’t even have a TikTok.”
My name is Mrs. Clara Holt, and for four decades, I taught kindergarten in a small Denver suburb. Today, I stacked the last box on my desk and locked the door behind me.
When I started teaching in the early 1980s, it felt like a promise — a shared belief that what we did mattered. We weren’t rich, but we were valued. Parents brought warm cookies to parent nights. Kids gave you handmade cards with hearts that didn’t quite line up. Watching a child sound out their first sentence felt like magic.
But that world slowly slipped away. The job I once knew has been replaced by exhaustion, red tape, and a kind of loneliness I can’t quite describe.
My evenings used to be filled with construction paper, glitter, and glue sticks. Now they’re spent filling out digital reports to protect myself from angry emails or lawsuits. I’ve been yelled at by parents in front of twenty-five children — one filming me with his phone while I tried to calm another child mid-meltdown.
And the kids… they’ve changed too. Not by choice.
They arrive tired, anxious, overstimulated. Their tiny fingers know how to swipe a screen before they can hold a crayon. Some can’t make eye contact or wait in line. We’re expected to fix all of it — to patch the gaps, heal the trauma, teach the curriculum, and document every move — in six hours a day, with resources that barely fill a drawer.
The little reading corner I once built, full of soft beanbags and paper stars, was replaced by data charts and “learning metrics.” A young principal once told me, “Clara, maybe you’re too nurturing. The district wants measurable results.”
As if kindness were a weakness.
Still, I stayed. Because of the small, holy moments that no spreadsheet could measure —
a whisper of, “You remind me of my grandma.”
a shaky note that read, “I feel safe here.”
a quiet boy finally meeting my eyes and saying, “I read the whole page.”
Those tiny sparks were my reason to keep showing up.
But this last year broke something in me.
The aggression grew sharper. The laughter in the staff room turned to silence. The light went out of so many eyes. I watched brilliant teachers — my friends — vanish under the weight of burnout, their joy replaced by survival.
I felt myself fading too, like chalk on a board that’s been wiped one too many times.
So today, I began my goodbye. I pulled faded art off the walls and tucked thirty years of handmade cards into a single box. In the back of a drawer, I found a letter from a student from 1998:
“Thank you for loving me when I was hard to love.”
I sat on the floor and cried.
No party. No applause. Just a handshake from a young principal who called me “Ma’am” while checking his notifications.
I left my rocking chair behind, and my sticker box too. What I carried with me were the memories — the faces of hundreds of children who once trusted me enough to reach out their hands and learn. That can’t be uploaded. It can’t be measured. It can’t be replaced.
I miss when teachers were partners, not targets. When parents and educators worked side by side, not in opposition. When schools cared more about wonder than numbers.
So if you know a teacher — any teacher — thank them. Not with a mug or a gift card, but with your words. With your respect. With your understanding that behind every test score is a heart that cared enough to try.
Because in a world that often overlooks them, teachers are the ones who never forget our children.
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📌 Un modelo sin referentes comparables
México se convirtió en el único país del mundo en elegir a la totalidad de sus jueces, magistrados y ministros mediante sufragio universal. La OEA advierte que esta ruta, sin mecanismos de garantía técnica, pone en entredicho la función contrapesora del Poder Judicial