@rramos86 Pues en otros países, solo se necesita una señal horizontal pintada para que la gente respete el carril de Bus.
El problema es cultural, puedes poner las señales que quieras que igual no las van a acatar.
Que hay que hacer para que no crucen en rojo? Poner una valla? Absurdo.
@adri517@millersoto Que fácil es para ti publicar que Maduro era un problema Menor a la invasión de Venezuela desde tu privilegio de no padecer la dictadura venezolana!!
Nadie está a favor de una intervención.
Pero el chavismo fue quien empujó al país hasta aquí.
El año pasado los venezolanos votamos y nos robaron las elecciones.
Aun así, mucha gente nos habla desde un paternalismo fastidioso, y a veces cruel, aunque no sea su intención, más preocupada por el petróleo que por las vidas.
Como si no entendiéramos los riesgos de lo que está pasando.
Imaginen lo devastador que ha sido llegar al punto de ver esperanza en esta opción.
Antes de opinar desde la comodidad de la libertad, escuchen.
Pregúntenle a sus amigos venezolanos.
No infantilicen a los venezolanos.
Mañana comparto un reel, pero, por hoy:
1. El derecho a la esperanza no nace de la ingenuidad, sino del agotamiento. Llega después de haber intentado todas las vías democráticas posibles y verlas fracasar una por una.
2. No se puede hablar de derecho internacional ignorando el contexto venezolano. En Venezuela, esos principios fueron letra muerta y no protegieron la democracia cuando más se necesitaban.
3. Es legítimo y necesario cuestionar las prácticas imperiales que, una y otra vez, han intervenido en América Latina decidiendo destinos, gobiernos y recursos. La historia regional obliga a desconfiar de cualquier intervención presentada como salvación.
4. Esa crítica no puede hacerse borrando el origen de la ruptura democrática ni convirtiéndose en un juicio moral contra los oprimidos. La autodeterminación del pueblo venezolano fue violada primero desde dentro.
5. Para América Latina, la lección es estructural: sin unidad regional, siempre seremos territorios intervenibles. Apoyar a Venezuela no es callar matices, es desear y apoyar que su pueblo elija su destino sin nuevas formas de dominación.
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
a todos los extranjeros que me leen les pido que disculpen mi ignorancia, es verdad que ustedes saben mucho más sobre la situación de mi país que yo que vivo aquí desde hace 30 años 🥺❤️🩹
@sgcol@infopresidencia@petrogustavo Que tristeza utilizar a una entidad, la cual es referente científico en la región para esto. Ojalá que los responsables del @sgcol suspendan estas prácticas y sigan con su misión real. No la impuesta por el gobierno de turno.
@AramendizR14902@sergio_fajardo Que armando Benedi es ministro del interior y petro ACTUAL presidente. Y Fajardo es ex candidato y Uribe ex presidente. Pero muy seguramente con tal de defender a petro eso no importa.
Un día como hoy, de 1999, Colombia vivió un evento sísmico que liberó una energía equivalente a la de la bomba atómica de Hiroshima. Más de 1000 personas perdieron la vida y alrededor de 8500 resultaron heridas. Hoy les contaremos más sobre el terremoto del Eje Cafetero 🧵 📸 Armenia. Diario El País, Cali.
@FabianO60176593@tuittazos@Danielbricen Hasta donde llega el fanatismo justificar cualquier cosa que haga este gobierno. Que se eligió a partir de la crítica a lo malo, pero no se le puede criticar lo malo.
@hijueputaaas@VillanueAle Entonces como los senadores nos roban al solo trabajar 2 horas y en Colombia hay 20 mil robos más. Debemos pasar por alto los mil milllones al año que se mecatea la primera dama? Explícame que tiene que ver una cosa con la otra?
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