Le pillaron consumiendo Nandrolona como futbolista.
Le pillaron en el Caso Negreira en el Barça.
Le pillaron con 115 delitos en el Manchester City
La cabra.
POR LOS QUE LO SOÑARON Y NO LLEGARON A DISFRUTARLO. POR LOS DE 2010, QUE NOS ENSEÑARON EL CAMINO PARA SOÑAR. Y POR ESTOS CHAVALES Y POR TODOS NOSOTROS, PORQUE SOMOS UN PAÍS COJONUDO 🇪🇸
SOMOS LOS CAMPEONES DEL MUNDO. LA SEGUNDA ESTRELLA ES NUESTRA ⭐⭐
#DAZNMundial
Hace 19 años, un entrenador de baloncesto de secundaria puso a su gerente de equipo en un partido durante los últimos cuatro minutos. El chico nunca había jugado un solo minuto de baloncesto competitivo en su vida. Anotó 20 puntos.
Jason McElwain fue diagnosticado con autismo severo a los dos años. No habló hasta los cinco. No pudo masticar comida sólida hasta los seis. Usó pañales durante la mayor parte de su infancia temprana. Como bebé, era rígido, no hacía contacto visual y se escondía en las esquinas lejos de los otros niños.
Intentó entrar al equipo de baloncesto de su escuela todos los años y lo rechazaron cada vez. Demasiado pequeño. Demasiado delgado. Apenas medía 1,68 metros y pesaba unos 54 kilogramos. Pero amaba tanto el juego que su madre llamó a la escuela y preguntó si había alguna manera de que pudiera involucrarse. El entrenador creó un rol de gerente de equipo para él. Durante tres años, McElwain asistió a todos los entrenamientos y todos los partidos. Llevaba camisa y corbata en los días de partido. Corría ejercicios, repartía agua, llevaba las estadísticas y vitoreaba cada canasta como si la hubiera anotado él mismo.
El 15 de febrero de 2006, en el último partido en casa de su último año escolar, el entrenador lo dejó vestirse con una camiseta oficial y sentarse en el banquillo. Con cuatro minutos restantes y una ventaja cómoda, el entrenador lo envió a la cancha.
Su primer tiro falló. Su segundo falló. Entonces algo cambió.
Encestó un triple. Luego otro. Luego otro. Sus compañeros de equipo dejaron de tirar por completo y solo seguían pasándole el balón. Encestó seis triples y un de dos puntos. 20 puntos en cuatro minutos. El máximo anotador del partido. Cuando sonó la bocina final, toda la multitud invadió la cancha y lo levantó sobre sus hombros.
Su madre tocó al entrenador en el hombro, entre lágrimas. “Este es el regalo más bonito que le podrías haber hecho a mi hijo”.
McElwain ganó el Premio ESPY al Mejor Momento en el Deporte ese año, superando a algunos de los nombres más grandes del deporte profesional. Ahora tiene 36 años. Trabaja en un supermercado local, entrena baloncesto, ha corrido 17 maratones incluyendo cinco Maratones de Boston, y viaja por el país dando charlas sobre no rendirse nunca.
Cuando le preguntan sobre esa noche, su entrenador aún se emociona. “Que él entrara y aprovechara el momento como lo hizo fue ciertamente más de lo que jamás esperé. Yo estaba hecho un desastre emocional”.
Ayer fue uno de esos días en los que jode, y mucho, que te guste tanto este deporte.
Justo hace un año por estas fechas escribí aquí mismo lo que dolía ver que el coche nacía mal. Pero siendo sinceros, el año pasado íbamos sin expectativas. Nos lo podíamos oler. Lo de ayer es una hostia a mano abierta.
Llevamos meses creyéndonos el cuento. Que si el nuevo túnel de viento, que si el cambio de reglamento de 2026, la vuelta con Honda... y joder, que habían traído a Newey. Parecía que, por fin, la Fórmula 1 le iba a devolver a Fernando todo lo que le ha quitado. Estaba todo de cara. Y terminan los test y volvemos a la misma pesadilla de siempre. El coche vuelve a ser un ladrillo. Otra vez.
Y duele en el alma porque para mí no es solo un piloto. Decir Alonso es hablar del héroe de mi infancia, de los domingos viendo a un chaval plantarle cara al mejor de la historia. Pero si a día de hoy sigue siendo mi ídolo absoluto, es por lo que me ha enseñado ya de adulto.
Le he visto exprimir coches indignos. Le he visto tragarse promesas falsas y motores que eran de juguete. Le vi marcharse quemado y tener los huevos de volver rozando los 40 años.
Verle remar contra un muro temporada tras temporada, caerse, frustrarse y al día siguiente volver a subirse para buscar una décima donde físicamente no la hay... eso es mucho más grande que ganar un Mundial. Esa resistencia, esa forma de no rendirse nunca, es lo que me inspira incluso en mi propia vida. Por eso su caso es único en la historia del deporte.
Me parte el alma saber que nos vamos a comer otro año viéndole sufrir en mitad de tabla, lejísimos de donde por talento merece estar.
Hoy estoy profundamente decepcionado y cabreado. Pero a él no se le abandona jamás. Igual que él nos enseñó a no bajar los brazos, yo de este barco no me bajo. Aquí seguiremos, tragando veneno, hasta el último día que decida apagar el motor.
#YoCrecíConAlonso
Por una vez (sin que sirva de precedente, y me disculpo de antemano por ello), permítanme ser grosero:
Me va a regular el uso de las palabras su puta madre.
-Lleva años queriendo llevar al fútbol a Estados Unidos.
-Hacen el Mundial de Clubes allí y se queja.
-Quiere que desaparezca la piratería.
-En el Mundial de Clubes no hay piratería y se queja.
A Tebas no le gusta el fútbol gratis y sin árbitros corruptos. Por lo que sea.