Los estoicos hablaban mucho sobre prepararse para la pérdida, pero rara vez se menciona el motivo.
No era pesimismo.
Era una forma de combatir la ilusión de permanencia.
Tendemos a comportarnos como si determinadas circunstancias fueran a durar indefinidamente.
La salud.
La juventud.
La estabilidad económica.
La presencia de ciertas personas.
Y quizá gran parte del sufrimiento humano nazca precisamente del choque entre nuestra expectativa de continuidad y la naturaleza cambiante de casi todo.