La "crema y nata" de la investigación criminal, señoras y señores: los nuevos graduados del CICPC. 🎓🚔
Listos para combatir el crimen... o al menos para desarticular la dignidad de la institución entre risitas, gorras mal colocadas y poses de maleantes de pacotilla. Si estos son los cerebros que nos van a proteger, duerman tranquilos, pero de la risa. La patria en buenas manos, sí, claro. 🤡🇻🇪
¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva! Este anuncio pascual abraza el misterio de nuestra vida y el destino de la historia, y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte. #Pascua
Comparen 🗣️ el jefe del comando sur un veterano de guerra con sus 25 insignia
Vladimir padrino con sus 300 medallas nunca fue a ningúna guerra ni de minitecas
Así rendía cuentas la electricidad de Caracas cuando era privada. Ofrecía un servicio excelente y además explicaba a todos sus usuarios la distribución porcentual de la inversión y del gasto de cada Bolívar que ingresaba.
¿Alguien ha visto a Corpoelec rendir cuentas de algo?
Un DÓLAR en 1998, cuando Chavez gana las elecciones, valía Bs.565. Y ese mismo DÓLAR al día 12/06/2025, Bs.100,33 después de agregarle los 14 CEROS que le quitaron por MAQUILLAJE, esa cifra equivale hoy a Bs.10.033.000.000.000.000 al CAMBIO OFICIAL.
La normalización es el verdadero cáncer de Venezuela.
No es solo el chavismo, es toda esa gente que le lava la cara. Los que le ponen filtros a la tragedia, los que convierten la ruina en contenido, los que visten el horror de “supervivencia”.
Influencers que hacen turismo de pobreza. Periodistas que “matizan” al régimen para conservar sus espacios. Empresarios que montan negocios con testaferros. Políticos que hablan de transición mientras se acomodan con los de siempre. Todos esos son los que nos tienen aquí, no desde ayer, sino desde hace 26 años.
Y ahora resulta que el problema es que “tú no estás aquí”. Como si mirar hacia otro lado fuera un acto de valentía. Como si sobrevivir justificara colaborar. No. La mayoría de los venezolanos no tienen acceso a esos beneficios, a esos dólares, a esas burbujas. La mayoría padece porque ustedes decidieron adaptarse, negociar, callar… o lucrarse.
El chavismo no se sostiene solo. Se sostiene porque hay quienes le prestan su voz, su imagen, su plataforma, sus empresas y hasta su silencio. Porque hay quienes con tal de seguir facturando, son capaces de ayudar a lavar no solo dinero, sino dolor.
Ya basta de excusas. Basta de disfrazar el interés personal de resiliencia. Venezuela no va a cambiar si seguimos premiando a los que normalizan lo inaceptable.
No es supervivencia. Es complicidad.
#HastaElFinal
Se ahorraron el esfuerzo de modificar la ley orgánica del trabajo, eliminaron el salario y con ese artificio matemático logran:
Prestaciones: 0
Cajas de Ahorro: 0
Primas: 0
Bono Vacacional: 0
Aguinaldo: 0
Cualquier dádiva a la orden.
Una reflexión sobre la carga impositiva en Venezuela:
Siempre ha parecido un mal chiste, pero hoy más que nunca es una cruda realidad: en nuestro país, a quien más se esfuerza y produce, más se le castiga.
En Venezuela, un emprendedor que a pesar de las dificultades inherentes hace crecer su negocio descubre pronto una paradoja desalentadora: el "éxito" le atrae cargas impositivas abrumadoras, trámites interminables y sospechas constantes. Lejos de recibir reconocimiento por crear riqueza y empleos, siente que el Estado lo trata como a un culpable al que hay que sancionar por prosperar.
La escena se repite día tras día: el productor que aumenta su cosecha o el comerciante que duplica sus ventas termina pagando el precio del éxito en forma de impuestos que devoran cada logro. Esta dinámica perversa, donde la tributación funciona como una penalización al mérito, no solo desincentiva la iniciativa sino que ahoga la inversión en su cuna.
¿Qué mensaje recibe entonces el ciudadano común?
Que es más seguro permanecer en las sombras, no destacar, no producir demasiado, porque el fruto de su esfuerzo será expropiado en gran medida. De hecho, esta realidad golpea a sectores enteros: en conversaciones recientes con emprendedores de diferentes industrias me confirmaron que hasta el 60% de las ganancias se esfuman en impuestos nacionales.
En consecuencia, en lugar de reinvertir utilidades para expandirse o mejorar salarios, muchos emprendedores deben entregar más de la mitad de sus recursos al fisco. Esto frena cualquier posibilidad de expansión económica en el agregado, y erosiona profundamente la relación moral entre el individuo creador y una sociedad que debería celebrarlo en vez de asfixiarlo.
El principio liberal clásico aplicado aquí resulta innegable: cuando se castiga la producción, se obtienen inevitablemente menos bienes y menor prosperidad para todos. Cada impuesto excesivo actúa como una mordaza a la cooperación voluntaria entre quien ofrece un producto o servicio y quien lo necesita.
En una economía saludable, productor y consumidor se benefician mutuamente mediante intercambios libres; pero si al productor se le estigmatiza como villano financiero, ambas partes terminan perdiendo. El talento busca esconderse, la inversión huye o se refugia en la informalidad, y la sociedad entera queda más empobrecida y dependiente.
La lección, al final, es transparente: no se puede construir prosperidad castigando a quienes prosperan. Se debe dejar de tratar al productor como enemigo. Cuando el fruto del trabajo y la inventiva es respetado, el ciudadano asume con orgullo su responsabilidad de crear riqueza, y esa riqueza se traduce en beneficio.
La libertad para producir sin temor a ser perseguido constituye la base de esa cooperación espontánea que eleva el bienestar general. Solo cuando dejemos de ver el éxito ajeno como algo a gravar y comencemos a verlo como algo a emular, romperemos el círculo vicioso de pobreza y dependencia.