A veces los días se nos escapan sin darnos cuenta. Como cuando dejas el café enfriarse en la mesa porque estás demasiado ocupado mirando la pantalla. Y luego piensas que, quizá, ese minuto que no dedicaste a probarlo caliente era justo el minuto que necesitabas para sentirte vivo.
Al final, los pequeños detalles son los que salvan. La risa tonta que te hace olvidar la prisa. La canción que suena de fondo justo cuando más lo necesitabas. El mensaje inesperado de alguien que aún piensa en ti. El tiempo bien invertido no se mide en horas, se mide en lo que te deja dentro. En la calma de un paseo sin destino, en la charla que parecía corta pero duró toda la tarde, en el abrazo que llegó sin avisar.
Y también está eso de saber salir. De lugares, de historias, de personas. Porque quedarse en sitios que ya no te suman es como intentar beber de un vaso vacío. Duele al principio, pero después entiendes: lo que parecía pérdida era, en realidad, espacio ganado para lo que sí importa.
#Cáncer…
No estás fracasando.
Estás creciendo.
Pero como no se ve en fotos, como no lo compartes, como no tienes medallas por sanar… crees que no vale.
Y sí, vale. Mucho más de lo que imaginas.