Le dio potestad a quien le negó. Se le presentó a quien dudó de Él. No por quienes eran ellos, sino por quién era y es Él. Nunca mostró indiferencia, por su situación, aún conociendo su corazón; sino que los posicionó a hacer cosas más grandes de las que Él había hecho
“Si Jesús se hubiese tirado un selfie, jamás hubiese sacado de allí a Pedro o Judas. Somos nosotros los que marginamos a los impulsivos y traicioneros… Sin embargo y a pesar de todo, Jesús los amaba. Caminó con quien le traicionó. Hizo milagros frente a quienes lo abandonaron.