Hoy se cumplen 178 años de la ocupación de Los Ángeles por Estados Unidos, el 13 de enero de 1847, cuando aún era ciudad mexicana. Aquel episodio marcó el inicio de uno de los procesos más brutales y silenciados de la historia norteamericana: el exterminio sistemático de los pueblos indígenas californianos.
Antes de los yanquis arrebataran Los Ángeles a México, California contaba con una población indígena estimada en unos 150.000 habitantes. Tres décadas después, en 1880, apenas sobrevivían unos 16.000. No se trató de un colapso demográfico accidental ni exclusivamente provocado por enfermedades, sino del resultado de una política deliberada de violencia, desposesión y exterminio.
Como bien señala García del Junco:
«Antes de que los colonos ingleses y sus descendientes exterminaran a las tribus de las praderas, los exploradores españoles ya habían entrado en contacto con la mayoría de ellas sin necesidad de exterminarlas».
¿Y qué llevó a los anglosajones a desalojar de sus tierras a los indígenas que llevaban siglos ocupándolas?
El 19 de agosto de 1848, el diario New York Herald anunció el descubrimiento de oro en California. Miles de buscadores se desplazaron hacia esos territorios.
Cuando comenzó la extracción masiva de oro, los colonos emplearon inicialmente a indígenas en las minas. Llegaron a trabajar unos 4.000 indios para los blancos. Pero a partir de 1850, muchos colonos optaron por su esclavización y exterminio.
Con la excusa de que los “salvajes” suponían una amenaza para la soberanía estadounidense, el gobierno aprobó en 1850 una ley que permitía a los colonos blancos poner a trabajar forzosamente a cualquier indígena que no pudiera demostrar medios legítimos de subsistencia.
Al año siguiente, el primer gobernador de California, Peter Hardeman Burnett, afirmó ante los legisladores que
«debe esperarse que continúe una guerra de exterminio entre las razas hasta que la raza india se extinga».
Y actuó en consecuencia.
Burnett empleó fondos públicos para armar milicias locales y solicitó apoyo del Ejército federal. Estas milicias llegaron a exterminar poblados enteros. En 1850, asesinaron a unos 400 miembros del pueblo Pomo.
Entre 1851 y 1852, el estado de California pagó un millón de dólares a milicias que cazaban indígenas. En algunos pueblos se ofrecían recompensas por sus cabelleras, con precios que oscilaban entre 5 dólares y 25 centavos. Los cazadores reclamaban el pago exhibiendo ocho, diez o doce cabezas.
Incluso la prensa informaba de las masacres. Así lo relataba el periódico Alta California:
«La cuadrilla descendió sobre ellos y les voló la tapa de los sesos o les partió el cráneo con hachas. Incluso a los recién nacidos que llevaban en canastas…».
El asesinato sistemático de indígenas continuó hasta finales de la década de 1870. En conjunto, se extinguió alrededor del 80 % de la población indígena de California desde 1846, mediante masacres y asesinatos cometidos por colonos y fuerzas armadas estadounidenses.
Buenafuente si hay corrupción en el PP: “Estoy muy sorprendido, han detenido a un miembro del PP por corrupción. ¡Como lo oyes!”.
Buenafuente si hay corrupción en el PSOE: “Hablemos de los que corrompen, uno no se corrompe si no lo tientan”.
Cosas del humor de izquierdas.
Mi debate con @PabloEchenique, donde le explico que en España sí tenemos uranio, el papel clave de las centrales nucleares en la estabilidad del sistema eléctrico y por qué una caída excesiva del precio de la electricidad puede ser peligrosa para la transición energética.
“CARTA DE UNA PROFESORA” PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS”
Vía Facebook : : 🔝🔝🔝
“Carta de una Profesora” con acertadísima y lapidaria frase final. Está escrito por una profesora de un instituto público.
Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es “educación infantil”, mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de “araña”, la E de “elefante”, la I de “iglesia” la O de “ojo” y la U de “uña”.
Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba “Semillitas”, un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto.
Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, no teníamos Educación Física.
En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de “b en vez de v” o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
En Bachillerato, estudié Historia de España, latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda…
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y… vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.
¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “ente”.
Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no “ignorantas semovientas”, aunque ocupen carteras ministeriales).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
SI ESTE ASUNTO “NO TE DA IGUAL”, PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener “UN CARGO PÚBLICO” que ser “UNA CARGA PÚBLICA”.