“La construcción de normas no expresas permite que los intérpretes actúen disimuladamente como legisladores. Y, de hecho, constituye ya parte principal y más importante del trabajo de los juristas” R. Guastini
Deliberar supone discutir aquello que se dice a propósito de algo, como una tesis, las premisas, las inferencias, los hechos, los datos, etc. Deliberar no implica discutir sobre los móviles ni tampoco sobre la atribución de actitudes ni sobre la imputación de un ánimo al emisor. Bajo esa antesala deliberar se vuelve una impertinencia porque no hay tesis que refutar sólo sospechas que desmentir. Las discusiones son siempre sobre proposiciones no sobre estados mentales imputados.
Tampoco se está obligado a discutir cuando se invierte la carga argumentativa y en vez de señalarse un error se atribuye un defecto moral del interlocutor: “eres tramposo”, “desdeñas”, “no has leído”. Eso es lo contrario a la deliberación… la discusión se convierte en un mero intercambio de impresiones y estatus para ver quién queda en mejor posición para justificar una postura. La carga pasa a ser así exculpatoria: probar buena intención, demostrar buena fe, limpiar reputación.
También si una crítica no identifica la tesis y en su lugar se reconstruye una postura como exhibicionismo de credenciales se produce un cambio del objeto: ya no se discute el argumento sino una versión atribuida. Son errores comunes: no se define qué se discute, no se localiza el error y se construyen muñecos de paja que implican distorsionar, simplificar o malinterpretar el argumento del otro para que sea fácil de atacar.
Asimismo uno no está obligado a seguir una invitación a discutir bajo un nuevo marco teórico cuando todavía no se ha fijado la tesis controvertida, no se ha mostrado con claridad el error y por su puesto, cuando ya se inició el intercambio con psicologización del adversario.
P.D. No se requiere fe de erratas personal en los comentarios.
Cervantes tuvo que crear a Sancho Panza para que el Quijote tuviera con quien conversar. Aunque aún no se había inventado el monólogo interior, el ser humano ya había inventado algo mejor, y Cervantes lo llevó a su más alto nivel: la amistad.
Comparto con ustedes el obituario de Mariano Azuela, antiguo ministro de la @scjn, que publiqué en la revista de la @BMA_Abogados.
Con sus luces y sombras, Azuela fue un hombre de firmes convicciones…que nunca permitió que se impusieran a su responsabilidad: