Cristo habla a sus discípulos de la necesidad de «orar siempre sin desanimarse». Así como no nos cansamos de respirar, del mismo modo no nos cansemos de orar. Como la respiración sostiene la vida del cuerpo, así la oración sostiene la vida del alma. #EvangelioDeHoy (Lc 18, 1-8)
El Espíritu Santo nos hace capaces de reconocer la paternidad de Dios. Tenemos un padre tierno, afectuoso, que nos ama, que nos ha amado desde siempre; cuando experimentamos esto, el corazón descansa y caen las dudas y los miedos. Nada puede oponerse a este amor.
Lapidario: "Antes de nacer, no somos nada, después de morir no somos nada, la vida es un intermedio entre la nada y la nada, de dudosa importancia".
Jean-Paul Sartre.