Hay dos jugadores de fútbol que han marcado mi vida, solamente dos. Uno, nada más y nada menos que el mejor de todos los tiempos, Diego Armando Maradona. Y el otro, el que me hizo ir de niño y de joven al Metropolitano, Iván René Valenciano. A la hinchada de Junior le digo: amen a Valenciano. Los que solo han visto de Teo para acá no saben lo que se perdieron. Un goleador de la talla de Batistuta, de Zamorano, en fin. Los errores de su vida personal le pasaron factura a su carrera. A los directivos del Junior, al equipo, a los líderes, #FuerzaValenciano este lunes en la final de Liga. Lo merece todo por tantas alegrías.
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Aprendí a jugar a tenis mientras caían bombas.
Tenía seis años y vivía en Belgrado. Afuera, los aviones de la OTAN cruzaban el cielo. Mi madre nos bajaba al sótano cuando sonaban las sirenas. Olía a humedad y a miedo. Pero entre alarma y alarma, yo salía.
Había una piscina vacía, abandonada, cerca de casa. Sin agua. Solo hormigón agrietado y un eco perfecto.
Agarraba mi raqueta y golpeaba pelotas contra esa pared, una y otra vez, mientras el mundo que me rodeaba se desmoronaba.
Nadie me enseñó. No había academia. No había entrenador con metodología ni planificación anual. Solo había ese sonido: toc, toc, toc, que era lo único sobre lo que yo tenía control absoluto.
Mi familia no tenía dinero para mandarme a entrenar en el extranjero como los niños que después serían mis rivales. Mis padres convirtieron su restaurante en un hogar para que yo pudiera seguir jugando. Lo apostaron todo. Todo.
Hubo noches en las que escuché a mi padre hablar en voz baja, preocupado, pensando que yo dormía.
No dormía. Escuché todo.
Y decidí que su sacrificio no podía terminar en nada.
Hoy tengo más Grand Slams que cualquier ser humano en la historia de este deporte.
Pero cuando alguien me pregunta de dónde saco la mentalidad para no rendirme nunca en una final, no pienso en tácticas ni en psicología deportiva.
Pienso en esa piscina vacía. Pienso en el olor a sótano.
Pienso en el sonido de los aviones.
Las mejores fortalezas mentales no se construyen en academias de élite, se construyen en los lugares donde no te quedó otra opción que seguir golpeando la pared.
Novak Djokovic 🇷🇸
@hvelascomontoya Eso era sabido, Escogió muy mal el equipo. Un mundial no es para llevar a amigos o para hacer homenajes; tienes que llevar a los mejores del momento y punto.
Y así puede pasar con la de fútbol, si llevan jugadores por amistad y agradecimiento, será también el camino al fracaso.