@eco4todos Fantástico vuestro programa, muy dinámico, entretenido, con tertulianos de nivel, y contando las verdades como hay que contarlas. Felicidades!
En la víspera de la Epifanía del Señor, al adelantarme al luminoso pasaje de Mateo 2,1-12, me gusta leerlo como una meditación simbólica personal (sin pretensión exegética ni doctrinal), a modo de ejercicio de contemplación. Los Magos no actúan como reyes con poder, sino como hombres de conocimiento que saben inclinarse ante lo que los supera, y por eso sus dones pueden leerse simbólicamente como una forma de reconocimiento sapiencial. El oro, corazón de la tierra y perfección de los metales, reconoce al Niño Jesús como hombre verdadero, real, hecho de carne y hueso; el incienso, que asciende y perfuma, reconoce en Él la dimensión espiritual y divina; y la mirra, aceite denso que preserva de la corrupción, lo reconoce como médico y salvador de la condición humana. Estos dones forman, leídos en clave simbólica, un lenguaje antiguo que integra tierra, corazón y espíritu -cuerpo, alma y trascendencia- y confiesa, en coherencia con la fe que el Niño es Dios y es hombre, y que en Él se da la unidad viva de lo humano, lo divino y lo redentor. Al ofrecer estos dones, los Magos entregan también sus propios instrumentos de saber, admitiendo que la sabiduría no culmina en dominio, sino en adoración. Buscar primero es aprender a reconocer, y reconocer es saber después cuándo inclinarse ante la verdad que se recibe.
Adoración de los Magos
~ S. Botticelli